domingo, 14 de febrero de 2016

Ella es 14 de Febrero



Vuelve un día en especial, como si cada día no fuese único e irrepetible.



En ella hace 14 de Febrero todos los días, espera a que nadie ponga un pie sobre lo que llama amor propio. Porque ese territorio es suyo y nada más suyo.



“Ojalá nunca me lo quites o, más cruel, ojalá nunca me lo quite”, se repite todas las noches antes de apagar las velas e ir abismo en abismo intentando no caer en ninguno. Detesta estar dentro de los ajenos, es de las piensa que cada uno debe de hacerse cargo de sus ruinas, porque los que llegan solamente se encargan de hacerlos más profundo. Como un cráter.



Le brotan las margaritas cuando sonríe y se le clavan las espinas de las rosas en el pecho izquierdo. Le dolería más si no fuese ella quien se las clavase intencionalmente para darse cuenta de que todavía siente. De que todavía es una chica de sentimientos, por muy ocultos que éstos se encuentren.



No por estar sola voy a ser piedra. He sido piedra las veces que me han hecho lloran hasta quedarme dormida sobre mi almohada, cuando me han arrancado las ilusiones como quien le quita una rosa al rosal y se pasa toda su vida buscándola con esa necesidad con la que se busca lo que jamás volverá a ser encontrado.



Ha sido piedra, de no tengo la menor duda. Lo ha sido porque la han lastimado y no tuvo otra opción que ser dura. Pero las piedras: o son muy frías o cogen el calor de quien las abraza. Y queman. En el fondo, una llama, aún está encendida por que algún día, no un amor, sino el amor, tropiece con ella. Y todo parezca una escena accidentalmente causal.  



Un jardín le nació aquel día en que se detuvo, apreció la vida, sintió el viento correr, el sol quemar, el frío hacerse escarcha y miró al cielo con la suicida esperanza de volver algún día a amar.



Es 14 de Febrero.

Y es por ella que lo sé.



Me ha sonreído como si jamás le hubiesen destrozado la sonrisa. Y este día lo declaro mi 14 de Febrero. Es la vida de mi amor, porque ha hecho que vuelvan a nacer cosas bonitas en él. Ahora me doy cuenta de que jamás he buscado al amor de mi vida, sino la vida de mi amor. Y la he encontrado. La encontré un 7 de Julio cuando cabizbajo andaba por la ciudad y su sonrisa me hizo levantar la mirada muy en alto. Y a no querer despegarla jamás de su boca. Es una chica a la que la altura le queda demasiado corta, por eso es que nadie ni nada ha estado a su medida.



¿Sabes qué pasa cuando encuentras, después de haberte enamorado cientos de veces, la razón de tu vida? Que te quemas a medida que se va alejando de ti y cuando estás muy cerca, tan cerca que puedes escuchar su respirar, pareciese que todo tu mundo vuelve a su lugar y sientes como si las partes rotas jamás hubiesen sabido qué es venirse abajo.



Pero ¿sabes qué es lo más bonito de todo? Que 14 de Febrero no es 14 de Febrero, sino el día que vuelves a amar o a sentir cosas bonitas por alguien más. Y todo, absolutamente todo lo existente e inexistente, pasa a segundo plano, porque ya has cedido bailar sobre los cristales rotos.

jueves, 11 de febrero de 2016

Chica verano

Es una chica verano, 
el sol sale desde sus ojos
y muere en sus pestañas.
Por el día es fugaz, 
por la noche, una eternidad. 

Le gusta el gospel 
y las canciones de hotel,
aunque odia ser pasajera, 
odia que la olviden 
porque recuerda hasta el más mínimo detalle
del momento.

Atrevida, 
valiente 
y tiene unas ojeras 
que ya quisiera el rock'n'roll tenerlas. 
O sufrirlas.

Es una chica aquí o ahora, 
ahora o nunca. 
Y los parasiempres, los ojalás y los quizás los llora
frente al mar 
y el cielo, a veces, le llora encima.
Una tormenta de verano.

Vive de golpe 
y no mide las consecuencias
de sonreírle a cualquiera, 
cede su poder para que
la destrocen 
por dentro. 
Aunque luego no sepa cómo armarse.
Sonríe mientras todos los pedazos
de un mundo colapsado
se le vienen encima.

Grita eufórica cuando ama, 
le brillan los ojos 
y su boca parece un diamante.

Le gusta balancearse en la cuerda media floja 
que ha caminado toda su vida 
y se quema los pies mientras maldice al viento.

Se sumerge, 
imagina que es una sirena
y la escuchas cantar 
como nadie ha llorado. 

Es una chica a la que todavía no se le escribe a menudo 
porque detesta los folios con sabor a despedida.

Es la chica de momentos fugaces 
y recuerdos permanentes.
Un amor de verano. 
Indeleble como lo que marca, 
lo que quema
lo que destroza. 
Como los vicios. 

Entre copa y copa
va disipando las penas de la vida 
y recuerda lo que ya ha pasado a segundo plano.

Es la protagonista, 
la artista, 
el arte que gusta y duele. 
A veces no tiene más veces, 
sólo nuncas que se parten en el ocaso. 

Su corazón es una puesta de sol, 
muere cada día, 
a la misma hora.
Sigue su rutina, 
su indestructible destrucción. 

Todos merecen una segunda oportunidad, 
pero ella se la ha ganado, 
porque ha luchado, 
ha dejado los dientes, la piel, los huesos
a la primera.
Ha sido la chica más valiente que jamás llegaré a conocer, 
porque llora siempre que está por darse por vencida,
¿sabes lo que ella hace?
Recoge sus pedazos, 
los envuelve en la maleta 
y sigue mientras pone su mirada en el infinito.     

lunes, 8 de febrero de 2016

IM-POSIBLE

Mira si a veces no es complicado esto: a veces hay que retroceder para poder avanzar, anclar las raíces a su lugar de origen y dejarlas crecer un poco más. Porque más que llegar a algún sitio, lo importante es no dejar de ser uno en el camino, hay tentativas que nos invitan a cambiar y hay situaciones que nos obligan a hacerlo, la diferencia entre ambas es que cuando nos obligan no hay alternativa. Es deber. Como deber nuestro es tratar de ser felices cada día y yo siempre quise verte recién despierta. Cómo el amanecer te desnuda el rostro y tu sonrisa que tan apagada se encuentra a veces.

Hay que tirar pa’ lante, rompernos la boca, quebrarnos los huesos, para así poder algún día decir que valió la pena. Que valimos la pena. Que todo ha valido la pena, porque el sudor ni las lágrimas no se derrocharían sin que después se mire la cosecha. Los sueños están al alcance, pero qué imposibles somos nosotros. Y contra eso, es muy difícil lidiar; pero si luchas, lo logras. Y si lo logras, en alguna noche verás que tu sonrisa es la nueva luna.

Ve por tu infinito. Que en algún rincón de este inmenso e inmerso mundo te ha de estar esperando. Y una canción espera para que la reproduzcas y te pongas a desgastar los pies, porque el desgaste de vida lo bailas hace tanto que ya has olvidado hasta dónde empezaste a sonar como la canción más triste del mundo.

Eres preciosa como todas las canciones tristes. Y las canciones tristes curan, calman el dolor, abrazan la raíz y no el tronco, porque nos conocen tan bien que es la historia de nuestra vida la que dura tres minutos. Ojalá un día te escuches a ti misma y me creas cuando te digo que eres preciosa. Preciosa. Preciosa. Anda, es tu canción la que se reproduce. Es tu momento. Sal. Para a los autos. Y que comiences a sonar diferente a como has sonado toda tu vida. Feliz. Niña. Feliz. Porque es lo que mereces.

martes, 2 de febrero de 2016

Nirvana

Ella era un para siempre y se rompió como todas las promesas.
Dejó sus cenizas en las manos incorrectas
y por eso la destrozaron,
soplaron
y se fue dividiendo
en mil millones de partículas. 

El viento se la llevó, 
jamás se supo nada desde entonces. 

Sólo se habla sobre el mito de su enamoramiento, 
de su caída en aquel precipicio que llevaba nombre y apellido, 
a quien le ponía una sonrisa en esa boca que era su abismo favorito,
a quien le destrozaba las pestañas y luego las besaba.
Y qué bonito. 
Qué bonito fue verla así, 
sufriendo por amor, 
en su caída en picada, 
como ella decía.  

Ni los kilómetros 
ni el asfalto 
serán testigos de mi olvido, 
me recordarás 
aunque yo haya cerrado los ojos, 
le decía mientras se acurrucaba para darle un beso. 

Yo sólo buscaba a alguien como tú 
para drogarme, 
matarme 
y hacerme polvo.  

Algunas noches caía rendida en la cama, 
otras, era la cama quien caída rendida a sus pies, 
como una diosa griega.

Era particular, 
pero llevaba unos ojos fuera de este mundo.
Qué magia le cabía en la boca, 
el truco lo llevaba escondido en la sonrisa, 
por eso siempre que me sonreía 
encontraba el manual de cómo ser feliz. 

Quería que fuese feliz, 
pero no sin ella. 
No iba a ser lo suficientemente idiota
como para no ser mi canción favorita, 
como para dejar que bailara con otra 
y ella no fuese mi único desgaste de pies.

Corazón, no ves que estas ruinas 
son por culpa tuya —le digo al corazón.

Déjame en paz, —me contesta él mientras 
pone sus ojos sobre ella —
voy a intentarlo una vez más.


Se rompió un día 
mientras caminaba al Nirvana.
Y su sonrisa permanecía intacta
como permanecen los corazones
cuando vuelven a amar,
es decir, rotos.
Fui espectador de su fuego
y de cómo se apagaba
como
una 
vela.