Tantos
recuerdos. Tantas palabras dichas. Tantos momentos vividos. Tantas sonrisas. Tantas canciones escuchadas. Tantas películas vistas. Tantos llantos compartidos y tantas risas con lágrimas. Ese "tanto" duele demasiado cuando la
persona con la cual hemos vivido una gran parte de nuestra vida nos dice adiós,
pero no por unas horas, sino para siempre. Y una parte de nosotros muere cuando
de sus labios salen aquellas palabras de despedida. Se despide con un fuerte beso
antes de irse. Y ese beso significa que en sus labios se lleva nuestra alma,
nuestros sueños, la luz que ilumina nuestros días, se lleva la razón de nuestro
vivir. Deja la puerta abierta. Vemos cómo poco a poco se va desvaneciendo en la
calle, el sonido de sus pasos alejándose de casa, vemos cómo su imagen se va
haciendo tan pequeña como una fotografía, sus pasos se escuchan cada vez más
débiles. Y que al igual que se iba, una parte de nosotros se iba también.
Finalmente el silencio entra por la puerta y ese escalofrío nos sacude el
cuerpo. No escuchamos su voz. Nos quedamos por un largo tiempo viendo hacia la
puerta con la esperanza rota por si se arrepiente y vuelve corriendo a
abrazarnos y a decirnos “es una estupidez irse, te quiero”. Empezamos a echar
de menos hasta las peleas, ahora tienen sentido aquellas discusiones que empezaban
por la más mínima tontería. Nos sentimos vacíos, tan vacíos que es
prácticamente imposible cesar con esta angustia y acabar con el nudo en la
garganta que nos dice ¿por qué no le detuviste? Pero a veces es imposible
convencer a alguien de quedarse cuando lo único que quiere es irse. La gente comienza
a decirnos que olvidemos porque no vale la pena, pero qué sabrán ellas de todo lo
que hemos vivido con esa persona. Olvidar no estaba en nuestros planes y que
duela de esta forma tampoco, porque a veces las heridas son el único recuerdo
que nos queda de alguien, y quizá esa sea la razón por la cual decidimos no
cerrarlas nunca.
domingo, 18 de mayo de 2014
viernes, 2 de mayo de 2014
Eres la razón que buscaba y que al fin encontré
Nunca te ha
gustado cómo te ves frente al espejo, nunca te ha gustado cómo se escucha tu
voz en las grabaciones, nunca te ha gustado cómo sales en las fotografías, nunca
te ha gustado el peso que mantienes y tienes miedo de subirte a una balanza y
que aparezcan unos números demás, nunca te has amado lo suficiente como para
decir “me quiero”, siempre has pensado que eres inferior a las otras chicas y
te has sentido tan pequeña como un grano de arena y casi siempre te has sentido
rota como un trapo viejo. Cuando estás sola pones la música tan alta que se escucha hasta el cielo, bailas y cantas, y cada vez que cierras los ojos es como si estuvieras viviendo en tu mundo o en un oscuro paraíso, o en un lugar mejor que la realidad. Te sientes frustrada porque el tiempo va demasiado
rápido, tú creces y la vida que llevas no fue la que soñaste de niña, a veces
echas de menos los viejos tiempos, echas de menos cuando tu habitación era el
santuario perfecto para soñar, la vida poco a poco fue matando tus sueños y las
esperanzas que tenías en ellos, ahora piensas que eres un cuerpo sin alma, sin
vida, sin ganas de luchar, sin ilusiones. Pero, cariño, vamos. Si tú tan sólo
te miraras con mis ojos, si tú te escucharas con mis oídos y si fueras yo por
un instante entenderías por qué te amo tal cual eres, no fue un físico lo que
me enamoró, sino la persona que vive dentro de ti, esa que tiene aún la esperanza
de volver a la vida real, porque está latente. Tus ojos negros son como esa
carretera por la cual amo pasar, incluso intencionalmente, sólo por volver a
sentirla y sentir la libertad que de ella desemboca. No cambiaría nada de ti,
porque yo no me enamoré de una chica de revista, yo me enamoré de una chica
humana, tan real que tiene defectos y virtudes, potencialidades y debilidades.
Olvida a los haters, porque te estoy amando y eso es lo que realmente importa,
porque qué importa el mundo si alguien te está amando. Yo me
enamoré de aquella chica que sonríe después de llorar por largas horas, de
aquella que me hacía tartamudear cuando la tenía cerca y que me hacía temblar
hasta los labios, es tan grande que no hay palabras para
describirla, porque describirla sería limitarla y ella no tiene límites. Eres la mejor guerrera. Nunca dejes de sonreír porque iluminas el día de más de
alguna persona que te quiere. Y gracias a ti entendí lo del amor a primera
vista, gracias a ti entendí que el amor no es cambiar, sino complementar. Esas
pequeñas cosas que tienes son las que te hacen única. Deja que los demás hablen
lo que quieran, al final, son sólo palabras vacías, sólo tú sabes cuánto te
duelen las heridas causadas por el pasado, sólo tú, nadie más, tus cicatrices
son tu historia. Comúnmente padeces de
insomnio, pero tienes las ojeras más preciosas de toda la ciudad. Quiero que
sepas que no importa lo que pase, yo estaré ahí para ti, porque eres el sentido
de mi vida y tú eres la razón que tanto estaba buscando y que al fin la encontré en el lugar donde pensé que nunca la encontraría.
sábado, 19 de abril de 2014
Nada tiene sentido sin ti
Hoy es sábado,
pero es como si fuera un lunes
por la mañana
sin ti.
Los amaneceres
en la cama
te echan de menos.
Los atardeceres
en el patio trasero
te echan de menos.
Mis manos
recorriendo tus curvas
te echan de menos.
Mis labios
rozando los tuyos
te echan de menos.
Mis labios
rozando los tuyos
te echan de menos.
Todo lo que un día tocaste,
te echa de menos.
Yo lo hago perdidamente.
Los días
no eran días a tu lado,
no eran días a tu lado,
eran una puta barbaridad.
Estoy viviendo en una televisión
en blanco y negro,
porque los colores los producías tú.
Los domingos no eran tan desolados
y
los lunes no eran tan malos
a tu lado.
Es que no te das cuenta que
tú eres la totalidad de una persona
que te sigue queriendo como el primer
"hola" dicho en aquella estación de tren.
¿Acaso ya no sientes nada por mí?
O seré yo quien debe matar estos sentimientos
que una noche nacieron con unas cuantas ilusiones.
Es que no te das cuenta que
tú eres la totalidad de una persona
que te sigue queriendo como el primer
"hola" dicho en aquella estación de tren.
¿Acaso ya no sientes nada por mí?
O seré yo quien debe matar estos sentimientos
que una noche nacieron con unas cuantas ilusiones.
martes, 15 de abril de 2014
El mejor cine es cuando estás en casa con la persona que amas
Está bien, finjamos que no nos queremos, que no nos
necesitamos en esas noches en las que el recuerdo se apodera de nosotros y
también de nuestros pensamientos, que todo ha acabado en un abrir y cerrar de
ojos, que todo terminó antes de que empezara, finjamos que lo hacemos muy bien,
si fuésemos actores: Hollywood nos llamaría para ser los protagonistas en una
de esas películas taquilleras románticas y que al final ninguno de los dos se
encuentra por su orgullo, pero eso no pasará en esta historia, porque aquí hay
dos personas con agallas dispuestas a encontrarse las veces que sean
necesarias, porque a veces nos desesperamos por encontrarnos y eso es lo bonito
del amor: que a pesar de todo, sigue viva la intensidad para juntarnos. Pero a quién queremos
engañar, si nos morimos por besarnos para luego acabar en un abrazo
estremecedor y que nos haga sentir todos los días que estuvimos separados por
nuestras estupideces, que sí, que te quiero, que la silueta que dibujaste con
tu cuerpo en mi cama aún está intacta porque ella aún tiene la esperanza de que
vuelvas a ocuparla de nuevo. Para mí tú eres mi diosa, la diosa de la curva más
hermosa y más peligrosa, cualquiera puede morir en ella, pero tú prefieres que
yo me maté ahí, donde tienes cosquillas y cuando toco tu punto G no puedes
parar de reír y esa risa contagiosa que tienes, es mi lugar favorito para
visitar. Todo ha cambiado desde la última vez que nos miramos, los lunes
vuelven a ser aburridos y malos otra vez y los sábados no tienen ningún sentido
porque no estás aquí para pasearnos por toda la casa descalzos y en pijama,
para luego ver una película juntos mientras comemos palomitas, el mejor cine es
cuando estás en casa con la persona que amas.
miércoles, 2 de abril de 2014
Ella sólo era parte de mis sueños
Déjame decirte que lo más cerca
que he estado de la perfección, fue aquella noche en que la vi a ella sonriendo
con una sonrisa asesina y con la luz pálida de una luna llena. La tomé de la
mano, se asustó y le dije: esta será tu mejor experiencia que has tenido jamás.
Caminamos por la orilla del mar, descalzos sobre la arena, desnudando nuestras
almas y nuestros cuerpos. Las pupilas de sus ojos eran el universo entero, ¿y
yo?, yo sólo era un simple hombre que le dedicaba poesía por las noches y
cantaba su alegría cerca de su oído izquierdo. Su forma de caminar me volvía
loco, incluso más de lo que estaba por ella. Era la única que soportaba mi
pasado, y es que el amor es eso: cuando alguien, aun conociendo tus cicatrices,
se queda para besarlas. Sujeté fuerte su mano, se puso de puntillas y me beso,
fue esa clase de beso que te hace sentir que todo ira mejor, quizá no toda la
vida, pero sí en ese momento, porque en ese instante sólo era ella y yo. Lo
triste de todo esto fue que tuve que despertar de un sueño que hubiese querido
que durara una vida entera. Y es que es de la única manera en que puedo
tenerla: soñando.
lunes, 24 de marzo de 2014
Quizá
Y no sé,
quizá necesitamos a alguien que nos haga saber que no salimos tan mal en las
fotografías y que el invierno no es tan triste como parece, pero al final es con el invierno con quien más nos identificamos, porque es agua acumulada en nubes; como nosotros acumulamos lágrimas por dentro y caen cuando ya no soportamos el
peso. Y quizá nos hemos acostumbrado a pensar que todo irá de mal en peor y que
la última llave no nos llevará a ningún lado. Y que muchas veces tenemos esa
necesidad de querer que alguien entre a nuestra vida accidentalmente y cure
nuestras heridas que por mucho tiempo han estado abiertas, que amortigüe la
caída cuando decidimos saltar de nuestros miedos y que sane nuestras
inseguridades con cada mimo. Es que lo inesperado es lo mejor que nos puede
suceder, porque sucede lo mejor. Y lo mejor no es una cosa, sino una persona que nos dibuje una sonrisa en ese cielo gris, que por años enteros ha estado
lloviendo sin parar y ha inundado nuestros pensamientos. Tenemos la esperanza
de que en cualquier momento aparecerá: con una sonrisa tan blanca como la leche
y tan brillante como la luz del sol en verano. Y cuando menos lo esperemos,
cuando todas las posibilidades se agoten para encontrar a la persona que tanto
deseamos que llegue, cuando ya no creamos en la magia del amor, entrará a nuestra vida de la forma menos imaginada para hacer que
volvamos a creer en alguien.
lunes, 10 de marzo de 2014
A veces...
A veces lo único que
necesitas es un trago de cualquier botella de vodka que haya sobrado en
cualquiera de esas noches de sábado -en las cuales saliste a ahogar los amores
y los errores-.
A veces lo único que
necesitas es a alguien que deje ir trenes por quedarse a tu lado, acompañándote
hasta el amanecer mientras te dice que eres lo mejor que le ha pasado.
A veces lo único que
necesitas es romper cualquier rutina impuesta, porque necesitas sentirte libre,
aunque sea por una maldita vez.
A veces no necesitas que
alguien te seque las lágrimas y te diga palabras de aliento y superación, sino
que necesitas a alguien que se acueste a tu lado y se ponga a llorar contigo
mientras cuentan estrellas.
A veces lo único que
necesitas es estar solo para apreciar la soledad, porque de ella también se
aprende y te das cuenta de muchas cosas.
A veces lo único que
quieres es gritar a los cuatro vientos lo que de verdad sientes y piensas sobre
algo o alguien, sin importar el qué dirán.
A veces lo único que
necesitas es a alguien que esté ahí para la caída, no para que te sujete para
no caer, sino para que te ayude a levantarte.
A veces las palabras
sobran cuando una sonrisa sale en medio de un beso.
A veces las personas no
se dan cuenta del daño que ocasionan yéndose sin dejar dirección de encuentro.
A veces los “te quiero”
dan tanto asco como las personas que los dicen o como las personas que los
creen. No sé quién da más lástima.
A veces lo único que
necesitas es encontrar a una persona en la línea final, que te haya esperado
todo el tiempo que estuviste corriendo o tropezando para llegar hacia ella.
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