domingo, 18 de mayo de 2014

Lo difícil del adiós

Tantos recuerdos. Tantas palabras dichas. Tantos momentos vividos. Tantas sonrisas. Tantas canciones escuchadas. Tantas películas vistas. Tantos llantos compartidos y tantas risas con lágrimas. Ese "tanto" duele demasiado cuando la persona con la cual hemos vivido una gran parte de nuestra vida nos dice adiós, pero no por unas horas, sino para siempre. Y una parte de nosotros muere cuando de sus labios salen aquellas palabras de despedida. Se despide con un fuerte beso antes de irse. Y ese beso significa que en sus labios se lleva nuestra alma, nuestros sueños, la luz que ilumina nuestros días, se lleva la razón de nuestro vivir. Deja la puerta abierta. Vemos cómo poco a poco se va desvaneciendo en la calle, el sonido de sus pasos alejándose de casa, vemos cómo su imagen se va haciendo tan pequeña como una fotografía, sus pasos se escuchan cada vez más débiles. Y que al igual que se iba, una parte de nosotros se iba también. Finalmente el silencio entra por la puerta y ese escalofrío nos sacude el cuerpo. No escuchamos su voz. Nos quedamos por un largo tiempo viendo hacia la puerta con la esperanza rota por si se arrepiente y vuelve corriendo a abrazarnos y a decirnos “es una estupidez irse, te quiero”. Empezamos a echar de menos hasta las peleas, ahora tienen sentido aquellas discusiones que empezaban por la más mínima tontería. Nos sentimos vacíos, tan vacíos que es prácticamente imposible cesar con esta angustia y acabar con el nudo en la garganta que nos dice ¿por qué no le detuviste? Pero a veces es imposible convencer a alguien de quedarse cuando lo único que quiere es irse. La gente comienza a decirnos que olvidemos porque no vale la pena, pero qué sabrán ellas de todo lo que hemos vivido con esa persona. Olvidar no estaba en nuestros planes y que duela de esta forma tampoco, porque a veces las heridas son el único recuerdo que nos queda de alguien, y quizá esa sea la razón por la cual decidimos no cerrarlas nunca.

viernes, 2 de mayo de 2014

Eres la razón que buscaba y que al fin encontré

Nunca te ha gustado cómo te ves frente al espejo, nunca te ha gustado cómo se escucha tu voz en las grabaciones, nunca te ha gustado cómo sales en las fotografías, nunca te ha gustado el peso que mantienes y tienes miedo de subirte a una balanza y que aparezcan unos números demás, nunca te has amado lo suficiente como para decir “me quiero”, siempre has pensado que eres inferior a las otras chicas y te has sentido tan pequeña como un grano de arena y casi siempre te has sentido rota como un trapo viejo. Cuando estás sola pones la música tan alta que se escucha hasta el cielo, bailas y cantas, y cada vez que cierras los ojos es como si estuvieras viviendo en tu mundo o en un oscuro paraíso, o en un lugar mejor que la realidad. Te sientes frustrada porque el tiempo va demasiado rápido, tú creces y la vida que llevas no fue la que soñaste de niña, a veces echas de menos los viejos tiempos, echas de menos cuando tu habitación era el santuario perfecto para soñar, la vida poco a poco fue matando tus sueños y las esperanzas que tenías en ellos, ahora piensas que eres un cuerpo sin alma, sin vida, sin ganas de luchar, sin ilusiones. Pero, cariño, vamos. Si tú tan sólo te miraras con mis ojos, si tú te escucharas con mis oídos y si fueras yo por un instante entenderías por qué te amo tal cual eres, no fue un físico lo que me enamoró, sino la persona que vive dentro de ti, esa que tiene aún la esperanza de volver a la vida real, porque está latente. Tus ojos negros son como esa carretera por la cual amo pasar, incluso intencionalmente, sólo por volver a sentirla y sentir la libertad que de ella desemboca. No cambiaría nada de ti, porque yo no me enamoré de una chica de revista, yo me enamoré de una chica humana, tan real que tiene defectos y virtudes, potencialidades y debilidades. Olvida a los haters, porque te estoy amando y eso es lo que realmente importa, porque qué importa el mundo si alguien te está amando. Yo me enamoré de aquella chica que sonríe después de llorar por largas horas, de aquella que me hacía tartamudear cuando la tenía cerca y que me hacía temblar hasta los labios, es tan grande que no hay palabras para describirla, porque describirla sería limitarla y ella no tiene límites. Eres la mejor guerrera. Nunca dejes de sonreír porque iluminas el día de más de alguna persona que te quiere. Y gracias a ti entendí lo del amor a primera vista, gracias a ti entendí que el amor no es cambiar, sino complementar. Esas pequeñas cosas que tienes son las que te hacen única. Deja que los demás hablen lo que quieran, al final, son sólo palabras vacías, sólo tú sabes cuánto te duelen las heridas causadas por el pasado, sólo tú, nadie más, tus cicatrices son tu historia. Comúnmente padeces de insomnio, pero tienes las ojeras más preciosas de toda la ciudad. Quiero que sepas que no importa lo que pase, yo estaré ahí para ti, porque eres el sentido de mi vida y tú eres la razón que tanto estaba buscando y que al fin la encontré en el lugar donde pensé que nunca la encontraría.

sábado, 19 de abril de 2014

Nada tiene sentido sin ti

Hoy es sábado, 
pero es como si fuera un lunes 
por la mañana 
sin ti. 

Los amaneceres 
en la cama 
te echan de menos. 

Los atardeceres 
en el patio trasero 
te echan de menos. 

Mis manos 
recorriendo tus curvas 
te echan de menos. 

Mis labios 
rozando los tuyos 
te echan de menos. 

Todo lo que un día tocaste, 
te echa de menos.
Yo lo hago perdidamente. 

Los días 
no eran días a tu lado, 
eran una puta barbaridad. 

Estoy viviendo en una televisión 
en blanco y negro, 
porque los colores los producías tú. 

Los domingos no eran tan desolados 
y 
los lunes no eran tan malos 
a tu lado. 

Es que no te das cuenta que 
tú eres la totalidad de una persona 
que te sigue queriendo como el primer 
"hola" dicho en aquella estación de tren. 
¿Acaso ya no sientes nada por mí? 
O seré yo quien debe matar estos sentimientos 
que una noche nacieron con unas cuantas ilusiones. 

martes, 15 de abril de 2014

El mejor cine es cuando estás en casa con la persona que amas

Está bien, finjamos que no nos queremos, que no nos necesitamos en esas noches en las que el recuerdo se apodera de nosotros y también de nuestros pensamientos, que todo ha acabado en un abrir y cerrar de ojos, que todo terminó antes de que empezara, finjamos que lo hacemos muy bien, si fuésemos actores: Hollywood nos llamaría para ser los protagonistas en una de esas películas taquilleras románticas y que al final ninguno de los dos se encuentra por su orgullo, pero eso no pasará en esta historia, porque aquí hay dos personas con agallas dispuestas a encontrarse las veces que sean necesarias, porque a veces nos desesperamos por encontrarnos y eso es lo bonito del amor: que a pesar de todo, sigue viva la intensidad para juntarnos. Pero a quién queremos engañar, si nos morimos por besarnos para luego acabar en un abrazo estremecedor y que nos haga sentir todos los días que estuvimos separados por nuestras estupideces, que sí, que te quiero, que la silueta que dibujaste con tu cuerpo en mi cama aún está intacta porque ella aún tiene la esperanza de que vuelvas a ocuparla de nuevo. Para mí tú eres mi diosa, la diosa de la curva más hermosa y más peligrosa, cualquiera puede morir en ella, pero tú prefieres que yo me maté ahí, donde tienes cosquillas y cuando toco tu punto G no puedes parar de reír y esa risa contagiosa que tienes, es mi lugar favorito para visitar. Todo ha cambiado desde la última vez que nos miramos, los lunes vuelven a ser aburridos y malos otra vez y los sábados no tienen ningún sentido porque no estás aquí para pasearnos por toda la casa descalzos y en pijama, para luego ver una película juntos mientras comemos palomitas, el mejor cine es cuando estás en casa con la persona que amas.

miércoles, 2 de abril de 2014

Ella sólo era parte de mis sueños

Déjame decirte que lo más cerca que he estado de la perfección, fue aquella noche en que la vi a ella sonriendo con una sonrisa asesina y con la luz pálida de una luna llena. La tomé de la mano, se asustó y le dije: esta será tu mejor experiencia que has tenido jamás. Caminamos por la orilla del mar, descalzos sobre la arena, desnudando nuestras almas y nuestros cuerpos. Las pupilas de sus ojos eran el universo entero, ¿y yo?, yo sólo era un simple hombre que le dedicaba poesía por las noches y cantaba su alegría cerca de su oído izquierdo. Su forma de caminar me volvía loco, incluso más de lo que estaba por ella. Era la única que soportaba mi pasado, y es que el amor es eso: cuando alguien, aun conociendo tus cicatrices, se queda para besarlas. Sujeté fuerte su mano, se puso de puntillas y me beso, fue esa clase de beso que te hace sentir que todo ira mejor, quizá no toda la vida, pero sí en ese momento, porque en ese instante sólo era ella y yo. Lo triste de todo esto fue que tuve que despertar de un sueño que hubiese querido que durara una vida entera. Y es que es de la única manera en que puedo tenerla: soñando.

lunes, 24 de marzo de 2014

Quizá

Y no sé, quizá necesitamos a alguien que nos haga saber que no salimos tan mal en las fotografías y que el invierno no es tan triste como parece, pero al final es con el invierno con quien más nos identificamos, porque es agua acumulada en nubes; como nosotros acumulamos lágrimas por dentro y caen cuando ya no soportamos el peso. Y quizá nos hemos acostumbrado a pensar que todo irá de mal en peor y que la última llave no nos llevará a ningún lado. Y que muchas veces tenemos esa necesidad de querer que alguien entre a nuestra vida accidentalmente y cure nuestras heridas que por mucho tiempo han estado abiertas, que amortigüe la caída cuando decidimos saltar de nuestros miedos y que sane nuestras inseguridades con cada mimo. Es que lo inesperado es lo mejor que nos puede suceder, porque sucede lo mejor. Y lo mejor no es una cosa, sino una persona que nos dibuje una sonrisa en ese cielo gris, que por años enteros ha estado lloviendo sin parar y ha inundado nuestros pensamientos. Tenemos la esperanza de que en cualquier momento aparecerá: con una sonrisa tan blanca como la leche y tan brillante como la luz del sol en verano. Y cuando menos lo esperemos, cuando todas las posibilidades se agoten para encontrar a la persona que tanto deseamos que llegue, cuando ya no creamos en la magia del amor, entrará a nuestra vida de la forma menos imaginada para hacer que volvamos a creer en alguien. 

lunes, 10 de marzo de 2014

A veces...

A veces lo único que necesitas es un trago de cualquier botella de vodka que haya sobrado en cualquiera de esas noches de sábado -en las cuales saliste a ahogar los amores y los errores-.

A veces lo único que necesitas es a alguien que deje ir trenes por quedarse a tu lado, acompañándote hasta el amanecer mientras te dice que eres lo mejor que le ha pasado.

A veces lo único que necesitas es romper cualquier rutina impuesta, porque necesitas sentirte libre, aunque sea por una maldita vez.

A veces no necesitas que alguien te seque las lágrimas y te diga palabras de aliento y superación, sino que necesitas a alguien que se acueste a tu lado y se ponga a llorar contigo mientras cuentan estrellas.

A veces lo único que necesitas es estar solo para apreciar la soledad, porque de ella también se aprende y te das cuenta de muchas cosas.

A veces lo único que quieres es gritar a los cuatro vientos lo que de verdad sientes y piensas sobre algo o alguien, sin importar el qué dirán.

A veces lo único que necesitas es a alguien que esté ahí para la caída, no para que te sujete para no caer, sino para que te ayude a levantarte.

A veces las palabras sobran cuando una sonrisa sale en medio de un beso.

A veces las personas no se dan cuenta del daño que ocasionan yéndose sin dejar dirección de encuentro.

A veces los “te quiero” dan tanto asco como las personas que los dicen o como las personas que los creen. No sé quién da más lástima.

A veces lo único que necesitas es encontrar a una persona en la línea final, que te haya esperado todo el tiempo que estuviste corriendo o tropezando para llegar hacia ella.