A veces me imagino sin ti
y me pongo a llorar como un idiota,
pero como un idiota que sabe por lo que llora,
y no por cualquiera.
A mí el mundo me da igual
desde que a ti te dio igual.
Nunca mueras,
o si mueres,
llévame en tu último suspiro.
No querré una vida llena de oscuridad,
porque tú eres la estrella
por la que salgo todas las noches a ver el cielo,
a la cual le cuento todos mis problemas,
mis angustias, mis pecados y mis fantasías.
Recuérdame cuando me he olvidado de mí,
dame un beso de aliento para resucitarme
y abraza todas mis partes rotas.
Nunca he estando tan roto
como cuando te vi sonreír,
entonces sí supe lo que era un derrumbe:
lo único que se mantenía a flote, se hundió.
Jamás supe sobrellevar una caída como la tuya,
me gustó tu precipicio,
quizás por eso me siento tan borde.
Es una madrugada de un domingo cualquiera,
sigo pensando que, a lo mejor,
lo nuestro era tropezar una sola vez,
pero fue tan fuerte el golpe,
que todavía tengo raspaduras en los sentimientos.
Fue un placer haberte encontrado
cuando lo único que quedaba era desastre,
y más desastre,
y mucha devastación.
En el peor momento llega lo mejor.
La mejor persona,
la mejor casualidad,
el mejor accidente,
y mi mejor caída
fuiste tú.
No somos casualidades,
nuestras narices chocaron por alguna razón.
En el fondo sé que sucedimos
para recordarnos para siempre.
domingo, 22 de marzo de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
Nos echamos de menos juntos
Hoy ha vuelto corriendo para darme un abra(bala)zo, de esos que te alivian el dolor y a la vez también te hacen un agujero en el corazón. Ha vuelto a la oscuridad, me dijo, a buscar las estrellas que perdió al momento que empacó toda la noche y se la llevó consigo, pero olvidó las estrellas. La luna las echó de menos, y también le he dicho que ellas también la echaron mucho de menos, que incluso habían perdido ese brillo bonito que tenían, así que también decidieron marcharse de aquí. Ese fue el motivo por el que regresó: a buscar lo que había olvidado, sin embargo, todavía no se ha dado cuenta de que en su cielo ya no hay más de las mismas que perdió de vista. Ahora están al otro lado del mundo, algún enamorado las ha de estar viendo preguntándose si a quien echa de menos también las está mirando. Esa conexión invisible, pero poderosa que tiene el amor.
Le invité a tomar champagne francés, mientras platicábamos sobre las cosas absurdas y sin sentido que rondaban alrededor del mundo, también hablamos sobre las vueltas que da la vida y sobre los lugares tan distintos a los que nos llevó el destino; él puede ponerte dos caminos enfrente, pero eres tú quien decide en cuál caminar. No quisimos caminar juntos nunca más, siempre nos preguntábamos qué había más allá de nosotros, ahora nos damos cuenta que, en realidad, no hay mucho por presumir; es más, son pocas las cosas de las que podemos hablar sin que nuestra voz no se note rota. Éramos dos ruinas que se negaban a colapsar juntas.
Y ya está. Sólo quería decirles que su mirada había cambiado más de lo que alguien puede llegar a olvidar el motivo de su sonrisa cuando éste se ha convertido en una cicatriz.
Nos echamos de menos juntos. Pero es demasiado tarde para intentarlo una vez más, la vida no se detuvo a esperarnos mientras le daba la vuelta al mundo para abrazarla por detrás. Imagina lo bonito que hubiese sido si a mitad del camino nos hubiésemos arrepentido y no nos hubiese quedado de otra que salir corriendo al punto de partida para tomarnos de la mano y caminar en un solo camino.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Fantasma
Dicen que uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida. A donde fuimos felices. Y yo amé la vida cuando estuve contigo. Eres mi lugar favorito de reencuentro, siempre hay algún atardecer que me recuerda a ti. No sé si me hiciste, pero fui feliz por el simple hecho de compartir contigo los atardeceres menos dolorosos de mi vida. A veces pienso que eso fue el sueño más bonito que nunca podré convertir en realidad, o algo así, porque a veces miro a los recuerdos y no te veo en alguno. A lo mejor me enamoré de un fantasma. De algo que no es visible para los ojos, pero que por dentro se siente algo parecido a la muerte. Eso es amor, o si no, no sé qué cojones sea. O no sé a qué le llamamos amor. Primero uno tiene que enamorarse de lo de adentro, de lo que vale la pena y de lo que es realmente importante.
Mira, siempre que veo una estrella fugaz, mi primer deseo terminas siendo tú. Siempre. Creo que se convirtió en rutina.
Tengo días en los que el sol no me calienta, ni siquiera me cala la piel; quizás porque aún hace invierno en mí, todavía hay frío, hay escarcha en mis esquinas, tengo el vaho de mis ojos lleno de tu nombre. Todavía tengo la resaca de la noche en la que me dijiste que lo nuestro ya no funcionaría, que te ibas porque se te hacía tarde para llegar a la vida de otra persona. Me prendí un cigarro y desde entonces me dejo llevar por la vida, pero, aún y a pesar de todo, tengo la esperanza de que algún día este viento me lleve a ti. O te traiga a mí.
martes, 17 de marzo de 2015
La chica de la 233
Su cuerpo es una batalla constante,
su lucha continua es frente al espejo,
tiene el vicio de ver defectos donde no los hay,
mira una silueta que luego va y se encierra en el baño con llave
y le dice a su madre que todo está bien,
que no pasa nada, que no se preocupe;
pero no lo está, esos ojos rojos confiesan la dolorosa verdad.
Ella no lo sabe aún,
parece que todos han olvidado recordárselo:
que es parte de un gran sueño,
que tiene tantos monstruos bajo esa sonrisa
que la luna muere por estar algún día con ella,
que está en el plan de los lugares para que un día los pise
Llora después de medianoche,
sabe que a esa hora nadie la escuchará atragantarse en su mar de lágrimas,
sabe que a esa hora nadie le preguntará, ¿qué tienes? Porque odia dar explicaciones.
Sabe que a esa hora nadie la mirará raro como si fuese de otro mundo,
pero en realidad es de otro, es demasiado noble para ser de este.
Sabe que a esa hora nadie la escuchara con su voz partida en dos.
Sabe que a esa hora nadie la escuchara con su voz partida en dos.
En su escuela se burlaron de su peso,
le dijeron que acabara con su vida y que se hiciese un favor.
¿Ahora entienden por qué la llamo la más fuerte de todas?
Porque ella sigue aquí,
sigue luchando contra sus demonios,
sigue aún de pie cuando la vida la tiró muchas veces,
sigue bailando, a pesar de no tener música de fondo,
sigue volando, a pesar de que le cortaron sus alas a muy temprana edad.
Ella se duerme llorando
y se despierta fuerte,
se lava la cara
y sale vestida de ilusiones,
pero regresa a casa decepcionada del día.
Y la he escuchado decir que también de sí misma.
Las medidas perfectas saben de la existencia de su cuerpo,
por eso se quedaron a vivir en él.
Doy por fe que aún no se ha dado cuenta,
porque la sociedad la ha dejado sorda y ciega.
No le hables de calma,
porque le gusta la tormenta,
ella espera a un chico que le dé un beso en la boca
para olvidar todas las copas que se ha tomado
intentando olvidarse de sí misma.
Sí,
ella
es la chica de la 233.
Doy por fe que aún no se ha dado cuenta,
porque la sociedad la ha dejado sorda y ciega.
No le hables de calma,
porque le gusta la tormenta,
ella espera a un chico que le dé un beso en la boca
para olvidar todas las copas que se ha tomado
intentando olvidarse de sí misma.
Sí,
ella
es la chica de la 233.
lunes, 16 de marzo de 2015
La chica rock
Era la chica rock,
la que tenía a Oasis en la mirada
y a Nirvana en la sonrisa:
a veces quería desaparecer en una canción;
otras veces quería reconfortarse la vida,
los huesos
y el alma.
También estaba harta ya de dormir sola,
aunque le encantaba,
pero a veces decía que el frío le quemaba mucho.
Que las madrugadas a solas
es como enfrentarse a sí misma.
Que lo que ella quería era que le pidiesen
que nunca se fuese,
y que le dijesen que no sabrían enfrentar sus miedos
sino era con ella al lado.
Que les ayudase a pelear y a ganar o a perder guerras.
A matar monstruos.
Y a ver mil lunas llenas.
Por las noches jugaba con fuego,
se quemaba apagando velas con las yemas de los dedos,
se iluminaba con la sonrisa de un triste:
con esa magia que únicamente tienen esas personas rotas
que les ha ido mal en la vida.
Era la chica de la que se enamoraría cualquier poeta.
Musa de las peores canciones,
desastrosa y caótica.
Conocía la tristeza como la palma de su mano.
Hace y deshace la cama en un instante,
igual pasa con su vida
cuando la tiene armada:
tal parece que la destruye en un abrir y cerrar de ojos.
A lo mejor le gusta vivir en ruinas
y le gusta estar rota como la voz de Kurt.
la que tenía a Oasis en la mirada
y a Nirvana en la sonrisa:
a veces quería desaparecer en una canción;
otras veces quería reconfortarse la vida,
los huesos
y el alma.
También estaba harta ya de dormir sola,
aunque le encantaba,
pero a veces decía que el frío le quemaba mucho.
Que las madrugadas a solas
es como enfrentarse a sí misma.
Que lo que ella quería era que le pidiesen
que nunca se fuese,
y que le dijesen que no sabrían enfrentar sus miedos
sino era con ella al lado.
Que les ayudase a pelear y a ganar o a perder guerras.
A matar monstruos.
Y a ver mil lunas llenas.
Por las noches jugaba con fuego,
se quemaba apagando velas con las yemas de los dedos,
se iluminaba con la sonrisa de un triste:
con esa magia que únicamente tienen esas personas rotas
que les ha ido mal en la vida.
Era la chica de la que se enamoraría cualquier poeta.
Musa de las peores canciones,
desastrosa y caótica.
Conocía la tristeza como la palma de su mano.
Hace y deshace la cama en un instante,
igual pasa con su vida
cuando la tiene armada:
tal parece que la destruye en un abrir y cerrar de ojos.
A lo mejor le gusta vivir en ruinas
y le gusta estar rota como la voz de Kurt.
domingo, 15 de marzo de 2015
Espinas
Pienso más de la cuenta, todo lo hago excesivo, a un punto que termino destruyendo lo que trato de arreglar. Yo sólo quiero que alguien ame mis espinas, aunque entienda que hacerlo significa salir herido, malherido. Pero siempre he pensado que el tiempo a veces es una pérdida más en la vida, porque nos la vivimos esperando a que él cure nuestras heridas, cuando somos nosotros los que nos deberíamos de armar de ganas y de valentía para curarlas. Así como fuimos valientes para amar, también deberíamos de serlo al momento de enfrentar el desastre que quedó después. Y no llorar como unos niños que han perdido lo que sabían que, de tantas veces usarlo, un día se extraviaría y no lo volverían a encontrar nunca.
Yo amo, por encima de cualquier oportunidad de mierda, siempre me ha parecido una bonita forma de demostrarles a mis sentimientos que todavía los sé usar. Aunque por los muy hijos de puta se tienen unas noches que duelen y no amortiguan ninguna caída. Porque sí, hay noches que se convierten en verdaderos infiernos para el que se queda esperando a quien se ha ido. Y qué triste que eso sea lo único que quede después de todo. Que nos convirtamos, de un día para otro, en desconocidos para quien nos conoce de memoria, para quien se ha memorizado nuestras cicatrices y sabe dónde están nuestros puntos débiles, pero sabe de sobra que nuestros puntos débiles están en alguien, y no en nosotros.
Me gustaría poder decirle un día a alguien que ha sido el mejor error que he cometido. Y sonreírle. Y abrazarle intentado decirle cuánto le echaré de menos si un día llega a irse, pero que ojalá nunca quiera hacerlo. Que se asome a mi abismo y que se deje caer como si yo fuese su mejor caída. Que si me toca, me hundo, pero que quiera hundirse conmigo hasta el fondo.
Me gustaría poder decirle un día a alguien que ha sido el mejor error que he cometido. Y sonreírle. Y abrazarle intentado decirle cuánto le echaré de menos si un día llega a irse, pero que ojalá nunca quiera hacerlo. Que se asome a mi abismo y que se deje caer como si yo fuese su mejor caída. Que si me toca, me hundo, pero que quiera hundirse conmigo hasta el fondo.
jueves, 12 de marzo de 2015
Plan A
Me voy para siempre. Hasta nunca.
Qué portazo el que se escuchó aquella noche mientras cerrabas la puerta con llave, porque sabías que, de lo contrario, hubiese salido corriendo detrás de ti. Lo único que me quedaba era verte alejarte como un día viniste aquí. "Olvídame", dijiste de último. Pero me dejaste tantas cosas para recordar. No se puede olvidar a alguien de la noche a la mañana, no se puede si llegaste a quererle hasta el punto de echar tus raíces en él y desear que nunca quisiese arrancarlas. Tú, al parecer, arrancaste las mías, ¿cómo hago yo ahora para arrancarme las tuyas? Y es que yo siempre he admirado a esos que pueden olvidar rápido, que no les duele nada y que no les importa en lo absoluto si les duele alguien.
A mí me dueles tú. A mí me duelen todas las conversaciones, todas las canciones que nos dedicamos, todas las películas que miramos juntos, todos esos lugares a los que voy solo cuando antes iba contigo, todas las llamadas hasta la madrugada, todos esos "sé fuerte, estoy aquí", todas y cada una de las cosas que gastamos intentando querernos.
Qué portazo el que se escuchó aquella noche mientras cerrabas la puerta con llave, porque sabías que, de lo contrario, hubiese salido corriendo detrás de ti. Lo único que me quedaba era verte alejarte como un día viniste aquí. "Olvídame", dijiste de último. Pero me dejaste tantas cosas para recordar. No se puede olvidar a alguien de la noche a la mañana, no se puede si llegaste a quererle hasta el punto de echar tus raíces en él y desear que nunca quisiese arrancarlas. Tú, al parecer, arrancaste las mías, ¿cómo hago yo ahora para arrancarme las tuyas? Y es que yo siempre he admirado a esos que pueden olvidar rápido, que no les duele nada y que no les importa en lo absoluto si les duele alguien.
A mí me dueles tú. A mí me duelen todas las conversaciones, todas las canciones que nos dedicamos, todas las películas que miramos juntos, todos esos lugares a los que voy solo cuando antes iba contigo, todas las llamadas hasta la madrugada, todos esos "sé fuerte, estoy aquí", todas y cada una de las cosas que gastamos intentando querernos.
Una herida se abrió entonces. Ya no pensaba, tampoco quería sentir, pero la vida suele pasar burlándose de ti cuando todo ha terminado, diciéndote: ¡Te lo dije, idiota! Y lloras amargamente. Las noches cobran un sentido nostálgico, echando de menos lo que no supo quedarse. No sé, siempre he pensado que, ojalá nos enamoráramos de alguien que supiese quedarse y que olvidase cómo irse. Que nos amara después de todo. Que creyera que somos capaces de salir de toda esta devastación que causó nuestra forma de amar: con fuerza y con golpe. No existe otra forma de amar sino demostrando que son tu oxígeno y tus ganas de seguir intentando salvarte de ti mismo.
También pienso que nos merecemos algo mejor que ir recogiendo lo que otros tiraron, algo más que las hojas de los árboles en otoño, algo más que ir pisándolas. Yo he cruzado océanos por personas que no intentan cruzar un charco para llegar a mí. Pero basta de lamentaciones, no puedo reclamárles por lo que hago yo por ellas, porque no puedo obligarlas. El problema de cuando las pones en el plan A, es que tú pasas a ser el plan B. Y no, esto no funciona así, debemos aprender a ser nuestro número uno y nuestro plan A ante todos, pero llega un día en el que deseas compartir esos primeros lugares con alguien más; sin embargo, tienes que asegurarte de que ese alguien también quiera compartir contigo los suyos.
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