martes, 30 de septiembre de 2014

Ojalá septiembre se acuerde de mí

Perdón, lo he hecho otra vez. Todos están durmiendo y yo padezco de este maldito insomnio de siempre, ese que lleva tu nombre tatuado por el lado que lo veas. Septiembre está a punto de terminar y yo todavía sigo imaginando personas que no pasarán y cosas que quizás ya caducaron, ni siquiera sé qué estoy esperando. He llegado al punto donde no sé en dónde estoy parado, sólo con una inseguridad tan grande de perder lo que más quiero en esta vida. No sé por qué demonios te prometí aquel día que siempre te recordaría, suelo ser de esas personas que, aunque les haga daño, cumplen la promesa. Toda esa mierda me está comiendo los huesos. Es de madrugada, todos duermen. Te escribo ahora, para que así no se den cuenta de que todavía te echo de menos. Nuestra historia terminó antes de que le escribiera un final, no feliz, pero sí bonito. Terminó siendo un final miserable, en toda la extensión de la palabra. Ahora ya sabes quién amó de más en esta relación inestable. Esa maldita canción sigue reproduciéndose en mi cabeza, antes era mi favorita, lo dejó de ser cuando te la dediqué. Sigo repitiendo tu nombre en la fría oscuridad mientras mis labios se secan al abrirlos. Tengo una teoría: las personas son como los labios, cuando se separan naturalmente comienzan a secarse y cuando se juntan detienen el proceso. Ahora nos estamos secando como las hojas de otoño. Y algún día alguien pasará, nos pisará y terminará de quebrarnos en pedacitos. Ojalá septiembre se acuerde de llevarse todo este caos que provocas en mí.

lunes, 29 de septiembre de 2014

El mundo

Yo tengo ganas de gritarle al mundo: 
¡Qué tontos, dejan pasar al amor! 
Y quedarme quieto, 
esperando a ver quién tiene tiempo de reconocerlo.

El mundo está necesitado de gente que tome aviones 
para ir detrás de la persona que ama; 
que se desnude los sentimientos 
antes de desnudarse el cuerpo;  
que mire lo que tiene enfrente  
y no cuando lo pierda. 

El mundo está necesitado de gente con ganas 
y no que se quede con ellas. 
De buscar la felicidad hasta por debajo de las piedras. 

De ver más amaneceres al lado de alguien 
que atardeceres con peleas; 
de querer ver más a alguien vestirse 
que desvestirle. 

El mundo se está quedando sin soñadores, 
sin locura, sin tiempo para hacer las cosas; 
se está convirtiendo en un lugar lleno de pretextos, 
de excusas, de llegar tarde a lo que se quiere, 
de ser el asesino de su infancia, 
de cementerios llenos de sueños, 
de jardines con esperanza, pero sin sentido. 
Está llenándose de "no tengo tiempo" 
"ahora no, más tarde".
Más tarde pueda que ya no des el último abrazo, 
el último beso, 
el último "te quiero". 

Se están perdiendo los pequeños detalles: 
las sorpresas, 
las cartas perfumadas, 
las visitas inesperadas, 
los abrazos por la espalda, 
los insomnios provocados por alguien
y no por algo.

Siento que nos estamos guardando mucho.
Algo que podría cambiar el rumbo de la humanidad:
la cura de una enfermedad encerrada en una mente brillante 
la canción que cambiará la historia de la música 
el guión de la película que se comerá las taquillas,
el libro que revolucionará la literatura, 
la pintura que evolucionará el arte moderno.

El mundo necesita a gente con los ojos rojos de tanto llorar 
de felicidad 

de gente resfriada 
por mojarse bajo la lluvia. 

Creer 
soñar 
ilusionarse 
luchar 
no rendirse
caer
levantarse
seguir
no mirar atrás

Ojalá 
algún día 
la gente se preocupe menos y viva más.

Números


Es lunes. He despertado y lo primero que se me ha venido a la cabeza ha sido la vez que te cruzaste por mi camino y tropecé contigo aquel otoño. ¿Qué estás haciendo con mi vida? A veces me digo a mí mismo que sería bonito conocer de nuevo a algunas personas. Olvidar todo el daño y empezar desde diez. Sabiendo que te van a hacer pedazos y ese diez irá en descenso. Un punto menos por cada herida, hasta finalmente llegar al cero. Al número donde nadie quiere llegar, porque del cero también puedes ir ascendiendo aún más, porque así como hay un infinito positivo, también hay uno negativo. Cuando, por ejemplo, empiezas a ser un número negativo (-1, -2, -3) es porque has hecho más daño del que se puede hacer. Sabiendo que algunas personas causan el mismo daño que fumarse todas las cajas de cigarros y beberse todas las botellas de alcohol. Y la magia en ocasiones se enciende en las despedidas, en agradeciendo por haber decidido marcharse, aunque sea tarde, pero bien dicen que es mejor tarde que nunca, que ir sumando puntos negativos en la historia. Son admirables aquellas personas que se van cuando todavía no son un cero y cuando aún quedan sonrisas bonitas para regalar al mundo. Irse a tiempo es salvarse de ser un error que se desea nunca haberlo cometido y que se llora por las noches. Empezamos siendo un número positivo y qué triste que, en vez de ir ascendido a números inimaginables, tengamos que ir descendiendo a números desastrosos. 

Cuando voy por la calle no veo personas, veo números. A veces veo un 3, un 5, un 7; un -13, un -18, un -20. En muy pocas ocasiones he visto números positivos que superan el 10 y es donde aún creo en la humanidad, en el amor, en la vida. Y tristemente casi siempre he visto sobrepasar el 10 negativo. ¿Por qué tenemos que llegar a estas circunstancias tan lamentables? ¿Acaso no nos merecemos algo mejor que ir descendiendo a la terrible desolación? ¿Por qué tenemos que conformarnos con los estragos que deja la tormenta después de haber llegado la calma? Admiro a esos que tienen un infinito positivo tatuado al lado del corazón por amarse a sí mismos. Llámame iluso, pero yo todavía creo en las personas que tienen números negativos, creo que son capaces de ascender más allá de sus propios límites. El límite lo ponemos nosotros, nuestra mente lo acepta, pero el corazón está luchando cada segundo por no dejar de latir. Yo creo en ti, creo en él, creo en ella. Llámame como quieras, pero yo aún creo en la humanidad. Creo en los besos perfectos y en los abrazos que cicatrizan heridas interiores. Creo en tiempo futuro y en tiempo presente.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Es la chica con la que tropiezas solamente una vez en la vida

Nunca cambió. Cambió la manera de mirarse a sí misma, de verse frente al espejo y de criticarse. Nunca cambió. Cambió la manera de tratar a los demás por cómo la tratan. La ven sonreír, pero nadie sabe cuántas noches lloró porque le hicieron daño y tuvo un alfiler en la mano. No cambió, mejoró para no cometer tantos errores, para no caer a abismos equivocados. Está jodidamente loca y eso la hace única entre las demás, aún así piensa que es del montón, sin saber que es la chica por la que el cielo cae para besarla. Estoy completamente seguro de que proviene de otro mundo, porque de este no es. Nadie sabe cuántas veces estuvo al fondo de su precipicio favorito, porque si de amar se trata, ella es totalmente inexperta, no tiene ni puta idea de qué es el amor. Nadie sabe cuántas lágrimas lleva debajo de su sonrisa ni cuántos insomnios tiene en la mirada. Nadie sabe lo que tuvo que sufrir para ser la chica que hoy en día es. Nadie sabe hacerla sentir como si la vida no doliese, al contrario, las personas que ha conocido han aportado un granito de arena a su tristeza y a su forma de sentirse ignorada. Le escriben a su felicidad, a su maquillaje, a su disfraz que lleva como si nada estuviese pasando, cuando en realidad el mundo se le cae a pedazos agigantados. Yo le escribo a su tristeza, a su dolor, a su encanto. Nunca cambió, sólo aumentó el amor a sí misma, a sus cicatrices y aprendió a lamerse las heridas en todas las estaciones del año, sin esperar a que alguien viniese a hacerlo. No habla con nadie de sus inseguridades, ni de su manía de hacer parecer las cosas aún más desastrosas. No sé nada de ella, lo que sí sé es que es una de esas chicas que merece la pena tropezar más de una vez, pero es la chica con la que tropiezas solamente una vez en la vida.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Lo que nos hace felices, también es la razón de nuestra tristeza


Porque se puede llorar sin derramar una lágrima, se puede gritar gritos de auxilio en medio de un silencio y se puede sonreír a quien nos ha disparado. Usual e irónicamente le sonreímos a quien nos ha hecho mucho daño. Muchas veces aquello que nos hace felices, también es la razón de nuestra tristeza. La razón por la cual estamos tan jodidos que no estamos lo suficientemente armados de valor para reconstruirnos las ruinas. O para intentar crear nuevos rascacielos que nos lleven a tocar el cielo. Que las vistas de amaneceres son más bonitas si tienes a alguien al lado, porque todo compartido tiene más sentido y tiene ese toque que hace de un amanecer un momento único e irrepetible. Porque las personas que están, algún día no estarán. Suena muy triste, pero es verdad. Cuando estás hundido, alguien puede hundirte más. Y que de tanto dar amor, llega un día en que ya no tienes nada qué ofrecer ni nada para dar. Porque ya lo has dado todo a gente que se fue y no supo apreciarte, ni apreciar todo lo que hiciste por ella. Es una obligación ser nuestro propio héroe, porque a lo mejor nadie vendrá a salvarnos del final de un principio que empezamos nosotros mismos. Tendremos que empezar a lamernos lo más pronto posible las heridas.

Hay bocas necesitadas de alguien que les haga el amor con los labios, ojos necesitados de ver algo bonito al abrirlos después de una pesadilla y oídos urgidos que les hagan música con la voz. Las pequeñas cosas son las que en verdad hacen una enorme diferencia entre lo momentáneo y lo eterno. Si bien, por un lado debemos aprender a perdonar, por el otro estamos pensando en intentarlo de nuevo con la misma persona que nos lastimó. Y así, claro que nos va a doler más de lo que debería. Somos amantes del dolor, si de amor estamos hablando. Nos gusta caer en las redes de los sentimientos. Es bonito, pero doloroso. Es como subirse a un avión y lanzarse con el paracaídas puesto, pero decidir no abrirlo. Algo así es el amor.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Hazme la vida, y no sólo el amor

Me quedo con lo que la mayoría no se queda: con tu infierno, tus ruinas, tu desastre, tus miedos, tus inseguridades, tus manías, con tus ganas de salir corriendo e irte muy lejos. Ojalá a donde quieras ir siempre esté yo, como plan. Muchos quieren estar donde el sol brilla, pocos en los días grises. Amores de biblioteca y amores de invierno, amores para un tiempo y amores para toda vida, amores que se encuentran por todos lados y amores que se encuentran solamente una vez, amores que marcan y amores que duelen, amores que matan y amores que dan más vidas que las que tiene un gato, amores tan frágiles como el cristal y amores tan fuertes como personas sonriendo con el corazón roto, amores de suspenso y amores con punto final. Abrázame. Abrázame fuerte hasta que duelan los cimientos y no sepa qué hacer con el dolor. Hazme la vida, y no sólo el amor. El sonido de tu risa es muy parecido al de un orgasmo. Haz que mis días parezcan un sábado por la tarde de película y manta, cerveza y besos. Pero por lo que más quieras: no hagas de ellos uno de esos días donde lo único que quiero es que la tierra me trague y no saber que el tiempo pasa. Sé esa persona por la que renunciaría a todo y a todos, menos a ti.

martes, 23 de septiembre de 2014

Cosas que nos cambien la vida

No importa si existen finales felices, al final lo que importa es el camino que recorremos y todo lo que pase en él. Nos preocupamos demasiado intentando crear uno, que no disfrutamos a quien tenemos al lado y nos damos cuenta de lo que teníamos cuando se ha ido. También intentamos ser personas perfectas para alguien que le gusta lo imperfecto. Qué gilipollas llegamos a ser. O quizás siempre lo somos, aunque algunas veces no nos damos cuenta. Es un misterio lo que pasará, mientras tanto hay que mover todo lo que esté a nuestro alcance para que sucedan cosas que nos cambien la vida. Algunos “para siempre” son más largos que otros, aunque algunos se rompen más rápido, tarde o temprano, todos acaban, no sé dónde ni cuándo, pero todos tienen fecha de caducidad. Siempre vamos a tener con nosotros a esos pequeños “para siempre” que nos hicieron felices por un tiempo, que incluso ahora, por las noches, iluminan un poco entre tanta oscuridad que poseemos. También nos abrazan y nosotros los abrazamos aun más fuerte, como dando a entender: “Echo de menos los viejos tiempos. Cuánto daría por vivirlos nuevamente”. Y sonreímos con lágrimas, una triste felicidad. Ojalá nos durase la sonrisa como les dura una despedida a dos personas en el aeropuerto. O como aquellos enamorados que están peleando por ver quién cuelga primero el teléfono. Alguien que nos buscase con la misma desesperación con que se busca algo especial, algo que nunca se encontrará en otro lugar y que una vez perdido no se recuperará jamás.