domingo, 31 de agosto de 2014

Diálogo: Alicia y Bruno

—¿Sabes qué voy a hacer?
—¿Qué?
—Voy a limpiarme estas lágrimas, voy a fingir que todo es perfecto, porque al final del día eso es lo que la gente quiere ver, nadie se enamoraría de alguien que está tan roto por dentro y aún así lo muestre físicamente.
—¿Pero eso te dolerá, no?
—Puede ser, pero no duele tanto si lo comparo con todas las veces en que he fingido que no me importa alguien, sólo por el hecho de que cuando se acerca a mí, entro en modo de precaución. Porque en un tiempo, en otras circunstancias y con otras personas, hubo algo que hizo que tuviera miedo de volver a confiar en alguien, miedo de que alguien se acerque a mí y salga herido. O muerto. Si quieres salir vivo de mí, aléjate lo más lejos posible. No quiero hacerte daño.
—Ya entiendo. Desde entonces comenzaste a tener cuidado en quién confías, porque confiar hizo que tuvieras miedo, pero el miedo tarde o temprano termina por matarte, y lo sabes.
—No hay peor muerte que la que tiene aquel que nunca se ha arriesgado y ha salido, por lo menos, con una cicatriz.
—Toda persona con cicatrices es signo de ser humano, a ser verdad: también he pensado que incluso los seres que no pertenecen a la Tierra tienen cicatrices. Es algo loco de pensar, pero si aquí existe el dolor, lo más lógico es que en otros lugares fuera de nuestra galaxia o dentro, también exista.
—Por favor, escúchame: Aléjate de mí, no quiero que sangres por mi culpa. No quiero ser aquella cicatriz que al tocarla sangra de nuevo. No es un consejo, es una advertencia.

Entonces Bruno besó a Alicia. Algo brilló en aquella noche, y no precisamente fueron las estrellas.

jueves, 28 de agosto de 2014

La luz detrás de tus ojos


Cuando echas un vistazo al pasado y ves que nada es como lo era antes, justo cuando suplicabas que se quedaran, porque no podrías vivir sin ellos, pero no les importó, no les importó cuánto doliera su ausencia. Ha pasado ya mucho tiempo desde entonces y aprendiste a vivir con el único recuerdo que dejaron: las heridas, que conforme al tiempo se fueron cerrando, pero no por completo, están entreabiertas y están propensas a abrirse de nuevo en el menor descuido. Estás rimando el recuerdo con el olvido, pero al parecer son el agua y el aceite de los sentimientos, nunca serán homogéneos. Entre la razón y el corazón, no sabes a cuál seguir: por un lado la razón te dice que debes aceptar que no volverán y por el otro el corazón insiste en esperar, es irónico, porque él más que nadie sabe lo que es estar roto y sangrar por las grietas. La luz detrás de tus ojos es el reflejo del mar que nunca supiste llorar.

Y cómo le haces saber a la gente que tu fuerte risa no es de felicidad, sino porque años atrás hubo algo que la silenció por mucho tiempo y ya era hora de volver a funcionarla con más intensidad.

domingo, 24 de agosto de 2014

De aquel lugar no salimos enteros

De aquel lugar no salimos enteros, algo quedó dentro, porque hay lugares a los que se entra completo y se sale roto; encierran las cenizas de un amor que se quemó por partes, abrazos que se forjaron a otros cuerpos y besos que se asemejaron a lo más cercano de vivir. Ya no somos los mismos, ni lo seremos nunca, porque en cada lugar dejamos un poco de nosotros; somos aquel rompecabezas con piezas incompletas, no porque no vinieran incluidas en la caja, sino porque con el tiempo las terminamos perdiendo y a algunas ya olvidamos dónde. Nos terminamos perdiendo en el laberinto que tenemos como mapa. Nuestros pensamientos son la soga que termina de ahorcarnos. Gritamos hacia dentro, pero las palabras siempre se encuentran gracias al eco que provoca el vacío que tenemos internamente. 

Muchos no sabrán lo que es ir por la vida queriendo tropezar con alguien que nos cure hasta las raspaduras, por tantas veces que la vida nos empujó hacia el abismo y no supimos estar dentro, tampoco supimos convivir con nuestros fantasmas interiores. No sabrán lo que es querer que pasen muchas cosas, así sea algo místico, pero tristemente lo único que pasa es la vida. Corremos en direcciones opuestas, porque en la dirección que íbamos no nos llevaba a ninguna parte, excepto al mismo sitio de siempre (como si eso fuese llegar a algún lado). Nos cansamos de seguir lo mismo, de las rutinas, de los sentimientos, de tratar de encontrarle un sentido a la vida, nos cansamos de amar, de darlo todo y quedarnos con nada. Ya no caminamos; corremos en polos opuestos con la esperanza de que en alguno de ellos podamos echar nuestras raíces.


Así que miramos al cielo nocturno y esperamos a que las estrellas nos guíen durante el camino. Entonces nos quedamos quietos, muy quietos, sin hacer ruido, esperando a que la soledad venga a hacernos compañía y a abrazarnos por la espalda, porque si vamos a derrumbarnos, por lo menos queremos estar alejados de todo lo que queremos, para no causar ningún tipo de daño.

viernes, 22 de agosto de 2014

La persona exacta en el momento perfecto

Y un día alguien viene y te saca a bailar mientras los cristales rotos suenan, pero esta vez no te importa que se escuchen. El mundo puede detenerse, que tú seguirás tomándole de la mano. Los pequeños momentos están hechos para personas extraordinarias, que sean capaces de tomar unos segundos y convertirlos en suspiros continuos. Ya no te importa nadie, porque estás bailando frente a frente con alguien que, de una forma u otra, encontró la manera de llegar a ti. Das gracias, no sabes a quién, pero estás agradecida. Te toma por la cintura y te susurra al oído “Te busqué por cielo, mar y tierra, pero nadie está a tu altura”. Y sonríes como nunca lo habías hecho, sonrojándote a más no poder. Luego tú le susurras “Estás haciendo que mi locura ascienda a niveles incontrolables”. Y cuando está a punto de terminar la canción, te besa. Y mientras bailas deseas que la canción sea eterna, porque quieres vivir por siempre en esos tres minutos. Por primera vez sientes que por un instante el ama se sale y te entra al cuerpo en cuestión de un beso. Y por primera vez deseas que una canción no te lleve a ninguna otra parte ni al lado de otra persona, tienes todo lo que habías soñado en una pista de baile, con la persona exacta en el momento perfecto.

martes, 19 de agosto de 2014

Estación

Eran las 4:40 a. m. de aquel 16 de septiembre y su ausencia brillaba como la más diminuta estrella, mientras la luna estaba ausente. Nunca le dije que su boca me sabía como la mejor copa de vino y que gloria era el sabor de sus labios, que sabían como la mayor obra de arte. E hizo que le jurara amor eterno en aquella primavera, la llamé: "Rosa hiriente", preciosa y con espinas. Y ahora cómo le digo a estas ganas que nunca vendrás, porque ya estás perdiendo trenes por esperar a alguien más. Y a medida que el tiempo avanza, esta estación se llena cada vez más de personas con sentimientos ausentes. Estamos esperando al próximo tren, pero desde hace mucho que no pasa uno por aquí. E inventamos cualquier excusa para quedarnos entre la multitud, para así no sentirnos tan solos y decimos que vamos a alguna parte, pero en realidad queremos ir a investigar en los escombros de otra persona, para ver cuán rota está por dentro, medir sus partes rotas y saber si encajan con las nuestras. En esta estación siempre llueve, por eso son indispensables unos brazos que nos abracen y nos calienten las manos frías y nos curen el alma rota. Nunca supe despedirme de la gente que quiero y creo que nunca se está preparado para despedirse de una persona con la cual un día construiste puentes que te unían a ella. No te echo de menos en este momento, te echo de menos desde el día en que empacaste lo poco que tenías y te lanzaste al precipicio más cercano. 

lunes, 18 de agosto de 2014

Termina de irte de una vez

Cómo te digo que estas ganas no son para que regreses, sino para que te vayas de una vez. Nunca te fuiste por completo, nunca terminaste de hacerle las maletas a la vida, tus ganas de permanecer se quedaron tomándome de la mano mientras le encontraba un significado diferente a cada atardecer. No, estas ganas ya no son para correr en tu dirección e irte a buscar, incluso si me dijeras que me echas de menos, ya no tomaría ningún tren para ir a tu ciudad; aprendí a no dedicarte mis insomnios, tampoco mi tiempo. Yo creía en la vida antes de ti; antes de que acabaras con lo más bonito que alguien puede poseer: las ganas de intentarlo. Ya no, cariño. Ya no es a ti a quien llamo cuando mi cerebro no funciona, es decir, cuando estoy borracho y mi cerebro sólo es capaz de pensar en una sola persona. Cuándo te darás cuenta de que un día alguien te amó con las entrañas, con cada parte de sí, con cada ilusión. Sé que algunas personas no están destinadas a suceder y nosotros no somos la excepción en esta ocasión. Me dejaste mal herido, desangrándome. El suelo está lleno de todas las promesas que rompiste, de todas las palabras vacías que dijiste y de todas las acciones sin sentimiento que hiciste. Pero esta noche quiero sentirme libre, no quiero sentirme atado a nadie, devuélveme mi libertad y termina de irte de una vez.

viernes, 15 de agosto de 2014

Un café para dos

Me quedé esperando un café para dos, poco a poco, va perdiendo la cafeína y se convierte en una bebida sin sabor, aunque está tan amarga como el saber que nunca vendrás. Es una pérdida de tiempo esperar a gente que nunca se decide a ir por lo que quiere, mientras el otro está reuniendo las ganas para ir a buscarle. Es absolutamente contradictorio estar con alguien que no pueda soportar la tormenta estando al lado de una persona que lo único que hace es tratarle de la mejor manera posible, es decir, con todo lo que posee en los momentos donde parece que la vida le ha arrebatado todo lo que poseía y lo único que le ha quedado son unas cuantas fotografías arrugadas, que únicamente sirven de sostén cuando está a punto de caer al precipicio y parece que nadie vendrá a salvarle, porque mira a los lados y ve que todo está como si hubiese pasado el peor tornado que haya enfrentado jamás. Tú quizás estés preparando comida para dos (para alguien que no soy yo), mientras yo sigo preparándote la vida para cuando tomes el coraje y las agallas para venir y enfrentar los cristales rotos que dejaste en mi risa. Quedaron muchas preguntas sin respuestas, a algunas les he cogido miedo, si bien: he aprendido a no cuestionar sobre situaciones de las que preferiría no haberme enterado jamás, es mejor enfrentar la realidad con la mejor de las caras, aunque eso implique que se abran de nuevo algunas heridas.