Espérame un poquito más,
no tardo en llegar,
sólo una vida.
Una de las siete que,
como gatos,
nos tocó.
Y sinceramente no sé si está bien
tener tantas vidas para lo poco
que queremos comernos la boca,
reventarnos la mirada
al ver una sonrisa fugaz.
Todavía recuerdo ese lugar
en el que nunca estuvimos,
pero que cuando me abrías los brazos,
siempre íbamos a parar ahí,
y me sacabas la lengua
como lo puede hacer una serpiente
cuando está cara a cara
con su depredador.
Todavía siento ese beso
que no nos llevamos en la maleta,
que lo dejamos perdido
en ese atardecer que quedó pendiente
para el día de después
a las 4:50 p.m.
Y me ves con esa dulzura
antes del puñal,
antes de darme cuenta
de que chicas como tú
son inevitables como para tropezar
una sola vez en la vida.
Me miro los moretones
de cuando me maté
en la curva de tu boca
y tú me seguiste sonriendo como si nada.
Y me pones entre la espada y la pared,
entre coraza y corazón,
es que acaso aún no te has dado cuenta
de que las corazas me las quitas
con una mirada,
me haces sentir tan débil
cuando lo haces.
De niño aprendí
que el golpe de la caída
es la recompensa por haber intentado volar,
pero tú, por favor, no me sueltes la mano,
no quiero caer entre tantos abismos
que gritan mi nombre.
La verdad es que,
echo de menos lo que nunca
por cobardes,
pero echo muchísimo más de menos lo que para siempre
por valientes.
viernes, 28 de agosto de 2015
martes, 25 de agosto de 2015
Quemaduras
Acabo de cerrar justo algunas puertas que me servían de escape cuando tenía ganas de abandonarlo todo en tus brazos. De dejar las ganas en tu boca, y olvidarme de que el mundo arde cuando te veo sonreír cuando estás tumbada en la cama. Y me prendes fuego con la mirada y me invitas a caminar por esos lugares que solamente quieres enseñarme a mí.
Y la noche se enciende.
Y brillamos, aunque sepamos que después del incendio, solamente quedan cenizas. Y un hermoso desastre con vistas a cualquier paisaje que nos pinta cualquier libro de ciencia-ficción, mientras nuestra canción se reproduce en el bar más cercano y dos comienzan a desconocerse.
Y bailamos.
Te tomo de la cintura y te recuestas sobre mi hombro, mientras te susurro al oído:
Quiero que seas el infinito del que todo el mundo habla. Quiero eternizarme contigo, pero también quiero que nuestras primeras arrugas sean de tanto reír, y no porque estemos envejeciendo.Esta noche, la poesía se parece mucho a ti.
Esta noche, la música suena igual que tu voz cuando intentas decirme algo muy bajito.
Esta noche, la noche está en tus pupilas.
Voy a besarte las imposibilidades y voy a enseñarte que los imposibles te están reclamando porque tú no los intentas.
"Inténtame, gilipollas", me dices.
Y te beso.
Y el mundo entonces, es una olla de presión contra nuestro pecho que decidimos abrir cuando está aún en la estufa.
Y terminamos con muchas quemaduras, pero el amor es lo más parecido al peor incendio que jamás nadie podrá apagar.
Así que, cariño, caminemos
y mostremos al mundo
lo precioso que es quemarse
con otro cuerpo.
Enseñemos con orgullo
nuestras quemaduras.
domingo, 23 de agosto de 2015
Pequeño gigante
Mi niño,
duerme,
sigue latiendo dentro de mí.
A veces necesito con urgencia
que me empujes para hacer locuras,
para tropezar más seguido con piedras,
que con recuerdos
en una noche llena de canciones tristes.
Me hiciste creer en los imposibles
y en las estrellas fugaces,
te sentabas a mi lado
y juntos veíamos el infinito
pasar frente a nuestros ojos
y el muy cabrón no quiso
que
fuésemos
eternos.
Mi niño,
no mueras,
sólo duerme,
quiero que me sigas iluminando,
llenando mis noches de magia
y de imposibles,
que luego nos comeremos.
Mi pequeño gigante,
mi más grande monstruo:
no fuimos el resto,
el resto quiso ser como nosotros.
Y balanceábamos la bandera
en la que creíamos
y alzábamos la mirada
a ese cielo
que tantas veces nos vio
llover.
Ojalá volviese a ser ese niño
que tantísimo odié,
porque lo único que buscaba
era
ser
feliz
en la única forma en la que se puede ser:
ingenuamente.
duerme,
sigue latiendo dentro de mí.
A veces necesito con urgencia
que me empujes para hacer locuras,
para tropezar más seguido con piedras,
que con recuerdos
en una noche llena de canciones tristes.
Me hiciste creer en los imposibles
y en las estrellas fugaces,
te sentabas a mi lado
y juntos veíamos el infinito
pasar frente a nuestros ojos
y el muy cabrón no quiso
que
fuésemos
eternos.
Mi niño,
no mueras,
sólo duerme,
quiero que me sigas iluminando,
llenando mis noches de magia
y de imposibles,
que luego nos comeremos.
Mi pequeño gigante,
mi más grande monstruo:
no fuimos el resto,
el resto quiso ser como nosotros.
Y balanceábamos la bandera
en la que creíamos
y alzábamos la mirada
a ese cielo
que tantas veces nos vio
llover.
Ojalá volviese a ser ese niño
que tantísimo odié,
porque lo único que buscaba
era
ser
feliz
en la única forma en la que se puede ser:
ingenuamente.
miércoles, 19 de agosto de 2015
Amélie
Basta ya de pronunciar tu nombre a otros como si tú fueses la octava maravilla.
Basta ya de llorarte cuando tú ni siquiera contestas mis llamadas,
que ya lo he dejado todo atrás,
que ya me he rendido hace tiempo,
que ya he quemado nuestras fotografías,
pero, joder,
a veces no puedo sacarte de mi cabeza.
Pero basta ya de echarte de menos,
de necesitarte en cada rincón al que voy,
en cada persona en la que te encuentro,
a veces recuerdo que tú no dabas nada
cuando yo te regalé hasta esas partes a las que me aferré
como si yo fuese un náufrago y tú la tabla
a la que me agarré,
y luego te llamé mi salvavidas.
Y tú seguías sin darte cuenta
que yo por ti mataba
a todos los dragones
que te tuvieran encarcelada.
Basta ya de odiarte en cada canción
porque las cosas no fueron como yo quería,
salieron doliendo las hijas de puta,
y eso era lo último que quería:
que te convirtieras en esa canción,
que uno escucha muchas veces,
y al final termina odiando.
Basta de hacerte un hueco en cada plan que trazo,
ya no quiero que seas mi plan A,
ni mi lado izquierdo de la cama,
ni la primera opción en la que piense
cuando
quiera
huir
lejos
de
mí.
Y me dé el peor de los portazos
al encontrarte con los brazos cruzados,
y no quieras abrírmelos nunca más.
Basta de ti,
basta de querer escuchar tu voz
entonando tu canción favorita
mientras me dices que soy tu verso favorito.
Basta,
vete,
toma estas partes,
son tuyas,
te pertenecen.
Pero no te quedes en mí.
Vuela, Amélie,
vuela alto
y lejos.
Ya otros horizontes te esperan,
ya otros lugares te hacen un hueco,
ya otras canciones hablan de ti,
ya otras manos quieren tocarte,
ya otras flores sueñan con que las cortes
y te las pongas en el pelo,
ya otros amaneceres sueñan con despertarte.
Espero que tengas un buen viaje
y una buena y extraordinaria vida,
que yo seguiré aquí,
justo donde dejé de ser yo
y me convertí un poquito tuyo.
Basta ya de llorarte cuando tú ni siquiera contestas mis llamadas,
que ya lo he dejado todo atrás,
que ya me he rendido hace tiempo,
que ya he quemado nuestras fotografías,
pero, joder,
a veces no puedo sacarte de mi cabeza.
Pero basta ya de echarte de menos,
de necesitarte en cada rincón al que voy,
en cada persona en la que te encuentro,
a veces recuerdo que tú no dabas nada
cuando yo te regalé hasta esas partes a las que me aferré
como si yo fuese un náufrago y tú la tabla
a la que me agarré,
y luego te llamé mi salvavidas.
Y tú seguías sin darte cuenta
que yo por ti mataba
a todos los dragones
que te tuvieran encarcelada.
Basta ya de odiarte en cada canción
porque las cosas no fueron como yo quería,
salieron doliendo las hijas de puta,
y eso era lo último que quería:
que te convirtieras en esa canción,
que uno escucha muchas veces,
y al final termina odiando.
Basta de hacerte un hueco en cada plan que trazo,
ya no quiero que seas mi plan A,
ni mi lado izquierdo de la cama,
ni la primera opción en la que piense
cuando
quiera
huir
lejos
de
mí.
Y me dé el peor de los portazos
al encontrarte con los brazos cruzados,
y no quieras abrírmelos nunca más.
Basta de ti,
basta de querer escuchar tu voz
entonando tu canción favorita
mientras me dices que soy tu verso favorito.
Basta,
vete,
toma estas partes,
son tuyas,
te pertenecen.
Pero no te quedes en mí.
Vuela, Amélie,
vuela alto
y lejos.
Ya otros horizontes te esperan,
ya otros lugares te hacen un hueco,
ya otras canciones hablan de ti,
ya otras manos quieren tocarte,
ya otras flores sueñan con que las cortes
y te las pongas en el pelo,
ya otros amaneceres sueñan con despertarte.
Espero que tengas un buen viaje
y una buena y extraordinaria vida,
que yo seguiré aquí,
justo donde dejé de ser yo
y me convertí un poquito tuyo.
lunes, 17 de agosto de 2015
Caricias
Aquí adentro sigue siendo invierno,
por eso no abro puertas ni ventanas,
por eso no quiero que entres:
no quiero que te congeles.
No quiero hacerte sentir frío
en ninguna de sus formas.
A veces recuerdo lo puta que ha sido la vida
y luego te veo a ti,
tranquila,
sentada en medio de un vendaval.
Y sólo veo paisaje,
aunque sea una destrucción continua
de mi eterna caída,
sé que el último golpe
sonará tan fuerte que los globos explorarán
y las cicatrices se abrirán de golpe.
Un cielo lleno de estrellas,
un desastre hecho paisaje.
Y me veo a mí,
en todas las excepciones que he sido,
veo que fui un tremendo gilipollas
en esto del amor,
pero dime quién no se entrega en las manos correctas
cuando las has buscado mientras te sostenías de las ramas para no caer.
Y fueron ellas las únicas, las primeras en agarrarte.
Dime quién no es capaz de soportar el fuego
cuando ha sentido el infierno
en su piel.
A mí una caricia me hizo volver a sentir,
a mí una caricia me hizo volver a latir.
por eso no abro puertas ni ventanas,
por eso no quiero que entres:
no quiero que te congeles.
No quiero hacerte sentir frío
en ninguna de sus formas.
A veces recuerdo lo puta que ha sido la vida
y luego te veo a ti,
tranquila,
sentada en medio de un vendaval.
Y sólo veo paisaje,
aunque sea una destrucción continua
de mi eterna caída,
sé que el último golpe
sonará tan fuerte que los globos explorarán
y las cicatrices se abrirán de golpe.
Un cielo lleno de estrellas,
un desastre hecho paisaje.
Y me veo a mí,
en todas las excepciones que he sido,
veo que fui un tremendo gilipollas
en esto del amor,
pero dime quién no se entrega en las manos correctas
cuando las has buscado mientras te sostenías de las ramas para no caer.
Y fueron ellas las únicas, las primeras en agarrarte.
Dime quién no es capaz de soportar el fuego
cuando ha sentido el infierno
en su piel.
A mí una caricia me hizo volver a sentir,
a mí una caricia me hizo volver a latir.
domingo, 16 de agosto de 2015
Un nuevo amanecer
¿El niño ríe o se rompe a llorar?
Se siente aturdido por tanta soledad.
Cada noche duerme con los monstruos de debajo de su cama, los ha hecho sus amigos, y es enemigo de quien intenta destrozarlos, porque ahora lo da todo por defender lo que todo mundo teme.
Está abordo en la tripulación de guerreros que salieron a naufragar sabiendo que jamás volverían a pisar tierra firme. Y que la profundidad del mar los acogerá para siempre.
Se sienta debajo de un árbol a escribir cartas que jamás enviará y se entristece con la luna menguante, la mira como quien ve partir esas partes a las que estuvo aferrado por mucho tiempo y tuvo que dejarlas ir, porque nunca fueron suyas.
No encaja, no porque nunca haya estado roto, sino porque es un monstruo que sonríe sin saber nada de felicidad. Lo que quiere es salir a la superficie con alguien que esté igual o peor que él.
Porque, mira: salvar a otros es fácil, el reto viene cuando la vida te pone a salvarte a ti mismo. Y no te importa.
Y eso, él lo sabe.
Pero sigue, sigue mirando atrás, anhelando volver algún día a su hogar.
¿El niño regresa o está recogiendo algo que se ha caído? Es decir, todo su mundo.
Él gira, el destino le da muchas vueltas, y está mareado. A veces dos caminos tienen que chocarse para que ambos se replanteen adónde quieren ir.
Y él se encuentra con la niña de los ojos tristes y caminan juntos en una sola dirección, mientras le sonríen a un nuevo amanecer.
Se siente aturdido por tanta soledad.
Cada noche duerme con los monstruos de debajo de su cama, los ha hecho sus amigos, y es enemigo de quien intenta destrozarlos, porque ahora lo da todo por defender lo que todo mundo teme.
Está abordo en la tripulación de guerreros que salieron a naufragar sabiendo que jamás volverían a pisar tierra firme. Y que la profundidad del mar los acogerá para siempre.
Se sienta debajo de un árbol a escribir cartas que jamás enviará y se entristece con la luna menguante, la mira como quien ve partir esas partes a las que estuvo aferrado por mucho tiempo y tuvo que dejarlas ir, porque nunca fueron suyas.
No encaja, no porque nunca haya estado roto, sino porque es un monstruo que sonríe sin saber nada de felicidad. Lo que quiere es salir a la superficie con alguien que esté igual o peor que él.
Porque, mira: salvar a otros es fácil, el reto viene cuando la vida te pone a salvarte a ti mismo. Y no te importa.
Y eso, él lo sabe.
Pero sigue, sigue mirando atrás, anhelando volver algún día a su hogar.
¿El niño regresa o está recogiendo algo que se ha caído? Es decir, todo su mundo.
Él gira, el destino le da muchas vueltas, y está mareado. A veces dos caminos tienen que chocarse para que ambos se replanteen adónde quieren ir.
Y él se encuentra con la niña de los ojos tristes y caminan juntos en una sola dirección, mientras le sonríen a un nuevo amanecer.
viernes, 14 de agosto de 2015
Adivina quién es ese chico
Hay recuerdos que te sonríen muy fuerte por las noches
y te invitan a una última copa,
a un último baile,
que resulta ser el más triste de todos.
Adivina quién se ha roto esta noche,
bueno, ya no es necesario adivinar
si cuando me levando de la cama
se mueven todos los cristales que me han hecho grietas en mi cuerpo,
me han atravesado los ojos
y mi mente está rota.
Soy el chico de las esperanzas en el suelo,
el de las mariposas muertas,
el que se clava varios clavos cuando escribe,
el que baila sobre el suelo de piedras,
el que se lanza desde la montaña más alta
para demostrarse a sí mismo
que las mejores cosas de la vida
son las que te matan,
o te terminan haciendo mucho daño.
Porque eso es mejor que nada.
Que las mejores y más divertidas aventuras
son las que se viven con alguien
con quien nunca querrías contarle a nadie de su existencia
ni de lo que has vivido a su lado.
Adivina quién sobrepasa las doce de la noche
recordando todo lo que nunca podrá tener en brazos.
Adivina quién se duerme en las madrugadas
abrazando una fotografía
de alguien que echa muchísimo de menos.
Sí, siempre he sido yo ese chico,
el que se corta al pasar de página,
el que no logra concentrarse ante una sonrisa,
el que recoge los retazos del que fue,
el que enumera del uno al diez su dolor
y luego lo convierte en verso.
Adivina quién lo ha visto caer,
resurgir desde los cimientos
y agarrarse muy fuerte de las tablas
ante un naufragio.
Me he visto a mí mismo en una escala de grises,
y si no, es el mismísimo sol quien me quema por otros,
aunque dudo mucho que lo haga igual.
Adivina quién ha muerto durante la noche
y ha resucitado con el primer rayo del amanecer.
Ese fui,
soy
y seré yo.
y te invitan a una última copa,
a un último baile,
que resulta ser el más triste de todos.
Adivina quién se ha roto esta noche,
bueno, ya no es necesario adivinar
si cuando me levando de la cama
se mueven todos los cristales que me han hecho grietas en mi cuerpo,
me han atravesado los ojos
y mi mente está rota.
Soy el chico de las esperanzas en el suelo,
el de las mariposas muertas,
el que se clava varios clavos cuando escribe,
el que baila sobre el suelo de piedras,
el que se lanza desde la montaña más alta
para demostrarse a sí mismo
que las mejores cosas de la vida
son las que te matan,
o te terminan haciendo mucho daño.
Porque eso es mejor que nada.
Que las mejores y más divertidas aventuras
son las que se viven con alguien
con quien nunca querrías contarle a nadie de su existencia
ni de lo que has vivido a su lado.
Adivina quién sobrepasa las doce de la noche
recordando todo lo que nunca podrá tener en brazos.
Adivina quién se duerme en las madrugadas
abrazando una fotografía
de alguien que echa muchísimo de menos.
Sí, siempre he sido yo ese chico,
el que se corta al pasar de página,
el que no logra concentrarse ante una sonrisa,
el que recoge los retazos del que fue,
el que enumera del uno al diez su dolor
y luego lo convierte en verso.
Adivina quién lo ha visto caer,
resurgir desde los cimientos
y agarrarse muy fuerte de las tablas
ante un naufragio.
Me he visto a mí mismo en una escala de grises,
y si no, es el mismísimo sol quien me quema por otros,
aunque dudo mucho que lo haga igual.
Adivina quién ha muerto durante la noche
y ha resucitado con el primer rayo del amanecer.
Ese fui,
soy
y seré yo.
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