Joder, levántate. Tienes unos ojos preciosos como para que sepan lo que es llorar por algo que todavía no ha sucedido, sólo tarda en suceder, algún día cercano o no muy lejano: sucederá. Venga, sal y comete el mundo, no dejes que él te coma a ti. No le digas no a lo que amas. Te lo recordaré siempre cuando sea posible: Tú no eres de los que se deja vencer, eres de los que luchan por lo que quieren en medio de las guerras, sin importar cuán duras estén. Por lo que más quieras no dejes que ese “no puedes” te haga caer. Si fallas, busca por debajo de los escombros y de las cenizas la única razón por la que sucederá. No cedas tan temprano a ser infeliz, eres demasiado joven como para saber lo que es rendirse. Estás en una edad donde el mundo se queda corto para lo que quieres alcanzar. Lucha, alcanza, persevera; pero nunca renuncies a lo que no puedes dejar de pensar. Los sueños, tarde o temprano, se alcanzan, aunque algunos se alcanzan más rápido que otros, pero todos están a tu disposición y a tu alcance. Pueda que el mundo se esté quedando sin soñadores, pero mientras tú y yo existamos, los sueños están seguros. Quizás el mundo no sea una máquina de cumplir deseos, pero nosotros somos el instrumento para alcanzarlos. Si hay huellas en la luna, ¿por qué tu límite tiene que ser el cielo?
domingo, 14 de septiembre de 2014
jueves, 11 de septiembre de 2014
Era septiembre y no llovía
Se nos había hecho tarde y ya no sabíamos para dónde jalar, ya no sabíamos para dónde ir, no teníamos una dirección estable, ni un hogar donde recostar la cabeza en las piernas de alguien. El despertador sonó y nos dimos cuenta de que era septiembre, que el tiempo pasó por encima de nosotros, dándonos patadas y dándonos los peores portazos contra el calendario, contra la vida. Por un segundo olvidamos que no necesitamos tener alas para volar, lo único que necesitamos es tener a alguien tomándonos de la mano y elevándonos al cielo. Lo duro fue cuando decidió soltarme, caí en caída libre, con fuerza y con velocidad, quebrándome cada hueso. Últimamente entiendo la letra de las canciones. Y duelen, duelen mucho. Me doy cuenta de que siempre dolieron, aunque antes lo hacían de distinta forma: en silencio. No sé cuánto tiempo nos tomará cosernos las esperanzas, pero todavía hay una vela encendida para pedir un deseo. Era septiembre y no llovía, las nubes retenían el agua y estaban a punto de explotar. Como cuando está a punto de llover, pero no llueve. Así me sentía. Con esa impotencia y esa presión en el pecho.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Diálogo: Camila y Daniel
Era momento de que aquellas almas que habían regresado ascendieran de nuevo a donde vinieron.
—No te vayas otra vez, por favor. No lo hagas. —Suplicó Camila, mientras su maquillaje se corría de sus ojos—.
—Es tiempo de volver, sabías desde un principio que esto pasaría.
Daniel llevó sus manos y las puso sobre su rostro.
—Prosiguió— Esto es algo pasajero, tienes que aprender a vivir por encima de mí, por encima de cualquier situación. Ni por mí, ni por otra persona; lo tienes que hacer por ti. Cada quien tiene un final, ya sea desastroso o no, pero lo tiene escrito en su libro de vida. No sé cómo será tu final, pero estaré suplicando porque sea una muerte digna. Tranquila, esto pasará.
—Yo te voy a echar de menos, voy a sepultarte otra vez. ¿Cómo quieres que no me ponga así? Si volverás a irte y yo me quedaré aquí, sola... vacía. Yo quiero irme contigo. No quiero volver a hablar de ti en tiempo pasado.
—Vamos, Camila. Yo no soy tu final, fui el principio de algo en tu vida. Y lo que menos quiero es tener que ser el final de tu vida. Promete una cosa.
—Dime, pero no estoy segura de cumplir con lo que me pidas, de una forma u otra, sé lo que vas a pedirme. Te conozco hasta las líneas que tienes trazadas en tus manos.
—Tienes que prometérmelo, por favor. No puedo irme de este lugar con esta angustia, sabiendo que te vas a dedicar a ser infeliz por toda tu existencia. Promete que vas a dedicarte a ser feliz. Que vas a formar una familia muy extensa y que verás sonreír a tus nietos. Como los planes que un día hicimos tú y yo. Sólo que ahora la única que tiene en sus manos la posibilidad de lograrlos eres tú.
Daniel sabía que ya le quedaba poco tiempo antes de que terminara definitivamente su estancia en la Tierra. —Anda, prométemelo. Ya no tengo tiempo—.
—No te lo prometo, voy a intentarlo. Esto va a ser muy duro.
Sus manos se entrelazaron, por un instante fueron uno solo. Luego se besaron y ese beso fue lo que terminó de derrumbar la pieza que faltaba derrumbarse. El alma de Daniel y el alma de todos los que habían vuelto comenzaron a ascender. Finalmente todo quedó por unos segundos en silencio absoluto. Sólo se escuchaba cómo el viento fluía. Una lluvia de lágrimas se escuchó aquella noche.
martes, 9 de septiembre de 2014
Se tarda más en cerrar una herida que en abrirla
Si alguien tan siquiera fuese capaz de entender que naufragar no es hundirse, como tocar fondo no es el final del océano, que la profundidad depende de cuánto estemos dispuestos a nadar y de aguantarnos la respiración. Que se tarda más en cerrar una herida, que en abrirla. Que hay momentos que son válidos y entran en vigencia cuando alguien te roba el sueño y hace que padezcas insomnio, no por unas noches, sino por toda la vida. Y por muy duro que suene: tienen que romperte el corazón, las ilusiones, los sueños para darte cuenta de que todavía queda mucho por lo cual luchar, que el final es el principio de algo que ni siquiera el destino sabe que sucederá. Hay muchos precipicios que gritan nuestro nombre y el eco nunca nos encuentra, porque quizá estemos perdidos sin saberlo y sin darnos cuenta de que necesitamos un motivo o una razón, para seguir en este mártir de gente muerta caminando apresurada para llegar pronto a lugares adonde ya no llegan trenes. Hay cajas de música donde la bailarina ya no baila, sin embargo, la música no se detiene. Aún no se sabe que para motivar a alguien solamente se necesita que le abracen fuertemente hasta hacerle sonreír como si nunca le hubiesen roto el corazón y que le haga reír como si nunca hubiese llorado. Qué más da cuándo. Ojalá encontremos a alguien cuando seamos su tiempo presente, y no cuando seamos tiempo pasado, porque lo correcto ya no es tan correcto cuando ha pasado su tiempo. “Ojalá algún día” estas tres palabras no suenen tan tristes.
jueves, 4 de septiembre de 2014
¿Quién eres?
¿Quién
eres?
No eres un número de identificación
ni una talla de pantalón,
tampoco el color ni la marca de ropa que usas.
No eres la primera impresión
ni el perfume que utilizas.
Eres los sentimientos que provocas,
lo que sueñas antes de dormirte,
lo que haces cuando nadie te ve.
No eres a quien echas de menos en invierno,
ni a quien deseas en verano
ni a quien sueñas en primavera
ni a quien anhelas en otoño;
eres a quien quieres tener al lado en todas las estaciones.
Eres las cicatrices que se ocultan con la piel,
lo que gritas en los silencios
y a quien miras de reojo.
No eres quien fuiste;
eres quien quieres ser.
No eres el camino que has recorrido;
eres la resistencia que has tenido.
Eres lo que escribes en medio de la noche,
a quien se te viene a la mente cuando estás borracho,
a quien le dedicas tus insomnios y tus silencios.
Eres las conversaciones que tienes contigo mismo.
Eres cantante de tus miedos,
pintor de tus sueños,
constructor de tu futuro,
abogado de lo que quieres,
juez de tus decisiones,
escritor de tu vida
y maestro de tus caídas.
Eres las canciones que tarareas sin darte cuenta,
los fragmentos de libros que sabes de memoria,
los momentos donde te falta el oxígeno
y las palabras que dices sin querer.
Eres tú,
solamente tú.
Ser único, natural, loco y salvaje.
Eres
lo que te impulsa a levantarte,
lo
que te pone brillo en los ojos
y
sonrisa en el rostro.
miércoles, 3 de septiembre de 2014
Nos prometimos un hasta siempre, un para siempre y un hasta nunca
No supimos despedirnos, nos guardamos un rincón en ambas vidas: ella en la mía y yo en la de ella. Nuestros labios no supieron pronunciar el adiós, “hasta luego” y nos estremecimos, aun así dolió como si en verdad nos hubiéramos despedido. Nos prometimos aquella tarde de septiembre que algún día nos miraríamos de nuevo a los ojos y encontraríamos un hogar. Nos prometimos un hasta siempre, un para siempre y un hasta nunca. Ni ella lo dijo ni yo lo dije, ambos sabíamos que esa iba a ser nuestra última conversación, la última vez que escucharíamos nuestras voces, la última vez que nos miraríamos con la mirada en la esperanza, la última vez que tendríamos nuestros cuerpos a centímetros. Me dio un beso y algo se quebrantó, se escuchó un rechinido que provenía del pecho. Desde entonces no volví a ser el mismo, tampoco la vida parecía la misma.
martes, 2 de septiembre de 2014
Los humanos llegan a dejar peores quemaduras que el fuego
Pendemos de un hilo, en cualquier momento alguien lo cortará y caeremos a lo más profundo de este precipicio, al final encontraremos un montón de sueños rotos, esperanzas caducadas y muchos finales felices que nunca llegaron a serlo. No tenemos nada que perder, tenemos todo para ganar; quien no tiene nada, lo mejor que puede hacer es arriesgarse, probablemente lo ganará todo con el esfuerzo de cada gota de sudor, con cada experiencia que ganó conforme tropezó. Y el verdadero problema aquí es que nos estamos conformando a la realidad, estamos empezando a echar raíces en lugares donde no teníamos previsto estar, están comenzando a crecer las ramas y están brotando frutos en descomposición, dentro. No es que sea triste, es que la tristeza fue la única que me invitó a pasar cuando nadie me abrió las puertas; fue la única que me abrigó en aquellos días en los que el sol no trasmitía calor; fue la única que me extendió los brazos en aquellas noches donde necesitaba un abrazo sin importar de quién, sólo necesitaba uno que me hiciese sentir que la vida valía la pena. Ella lo hizo. Dicen que “en los mejores peores momentos conocemos a las mejores personas”, se olvidaron mencionar que también conocemos a las peores, eso lo fui comprendiendo con el tiempo, porque los humanos también queman con sus actitudes. Y llegan a dejar peores quemaduras que el fuego. Never let me go, I just need a hug.
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